No era tu juego

(valores, compatibilidad y forma de amar)

Querida tejedora:

Si vienes del artículo anterior, ¿Y si paramos en cinco?, quizá ahora estés pensando:

«Vale, Elsa. Ya hubo atracción. Ya me enamoré. ¿Y ahora qué?»

Pues justo el otro día leí un término que me hizo muchísima gracia: monopoly.

Sí, ya sé que parece el nombre de un juego de mesa, pero en realidad nace a raíz del auge del poliamor. Se utiliza para describir a una persona monógama que entra en una relación con alguien poliamoroso. Muchas veces lo hace convencida de que podrá llevarlo bien… o con la esperanza de que, algún día, la otra persona cambie y la elija solo a ella.

Spoiler: eso casi nunca ocurre.

Y entonces pensé que esta trilogía necesitaba su cierre. Porque puede haber atracción, puede haber enamoramiento y, aun así… estar intentando subirte a un avión que no va a tu destino.

Cuando Makandra todavía era un ovillo

Descubrir que el amor no lo puede todo es un golpe duro, pero liberador. Porque querer y poder no son lo mismo. Una persona puede quererte muchísimo, de forma sincera y profunda, y aun así ser completamente incapaz de construir contigo la vida que tú necesitas.

Durante mucho tiempo pensé que, si dos personas se querían de verdad, el resto acabaría encontrando su sitio. Que aprenderíamos a entendernos, que ya llegaría el momento adecuado o que, con suficiente paciencia, todo terminaría encajando. Al fin y al cabo, esa era la historia que me habían contado siempre: si el amor era verdadero, el final feliz llegaba solo.

En psicología, a esto lo llamamos incompatibilidad de proyecto de vida y casi siempre viene acompañada de una profunda disonancia de valores.

Tendemos a pensar que si hay amor, todo lo demás se ajusta solo. Pero la realidad es que la relación no solo se sostiene sobre el afecto; se sostiene sobre la compatibilidad en la forma de amar, las expectativas, los objetivos compartidos y los valores no negociables. No basta con quererse; hay que querer ir hacia el mismo sitio, a la misma velocidad y con las mismas reglas.



Traducido al lenguaje de la lana

Esto es como si una tejedora de amigurumis intentara convertir el patrón de una gran manta de sofá en un muñeco relleno.

Podrías modificar puntos.

Podrías insistir.

Podrías empeñarte en meter aumentos donde no caben y lo que conseguirás es acabar hiperventilando de la mala leche. El problema no está en tu destreza para diseñar ni adaptarte. El problema es que aquel patrón jamás ha sido diseñado para ser lo que tú esperas.

Esperar que una manta se transforme en un amigurumi sin romper la hebra es un ejercicio de autoengaño agotador.

Con las relaciones hacemos algo parecido. Nos convencemos de que, con suficiente cariño, paciencia o esfuerzo, la otra persona acabará queriendo las mismas cosas que nosotros. Y, mientras esperamos ese cambio, dejamos de preguntarnos si estamos aceptando a quien tenemos delante… o a la versión que imaginamos que algún día llegará a ser.

Tejiendo desde la cicatriz

Unir los puntos de esta trilogía me llevó años de tropezones laneros. Primero entendí que la química no bastaba. Después comprendí que convenía observar antes de enamorarme. Y, al final, descubrí que todavía quedaba una pregunta mucho más importante.

No es: «¿Me quiere?». Sino: «¿Quiere construir la misma vida que yo?».

Hay personas con las que compartes tablero, pero no partida. Que alguien se quede a tu lado no significa que esté remando en tu misma dirección; a veces, simplemente, le acomoda el paisaje.


No era tu juego.

No te funcionó porque la otra persona fuera mala ni porque uno quisiera menos que el otro. Ambos ibais hacia coordenadas distintas.

Y no pasa nada. Lo verdaderamente peligroso no es perder una oportunidad; es pasarte años como pasajera en un avión que nunca tuvo la intención de aterrizar en tu destino. A veces, la mayor demostración de amor propio es bajarte de la cabina antes del despegue.

Frase para tu Diario Lanero

No basta con que alguien quiera volar contigo; también tiene que querer aterrizar en el mismo destino.


Dale una vuelta al ovillo

Si pudieras darle un consejo a tu «yo» de hace diez años sobre las relaciones, ¿cuál sería?


Firma

Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de Pacotilla que aprendió a darle una vuelta al ovillo para no confundir un nudo con un destino.

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Psicología de Pacotilla es una sección divulgativa creada desde mi experiencia personal y mi formación como estudiante de Psicología. Su objetivo es acercar conceptos psicológicos al lenguaje que compartimos las tejedoras.

Este contenido no constituye terapia psicológica, diagnóstico ni intervención sanitaria, y en ningún caso sustituye la atención de un profesional cualificado.

Aprendamos juntas, siempre con curiosidad, espíritu crítico y responsabilidad.

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