(autoexigencia, culpa y perspectiva)
Querida tejedora:
«Al terminar la vuelta 24 tendrás 28 puntos.»
Paras, cuentas.
Veintiséis.
Vuelves a contar. Sigues teniendo veintiséis.
Deshaces dos vueltas y las vuelves a hacer. Otra vez veintiséis.
Revisas el patrón de arriba abajo convencida de que te has saltado algo. Repasas cada aumento, buscas el error una y otra vez…
…hasta que empiezas a pensar que eres una mala tejedora.
¿Y si el problema no fueras tú?¿Y si el patrón estuviera mal escrito?
¿Y por qué nadie arregla este patrón?
Porque arreglarlo significaría reconocer que estaba mal. Igual que cuando te das cuenta de que te has comido un punto en la vuelta doce. En ese momento tienes dos opciones: destejer diez minutos y arreglar la labor o pasarte doscientas vueltas inventando aumentos donde no van, tensando el hilo y convenciéndote de que «ya no se nota».
El ego hace exactamente eso. Prefiere deformar toda la prenda antes que reconocer un solo punto mal hecho.
Y eso no ocurre solo cuando tejemos, también ocurre en las relaciones.
El patrón estaba trucado
Con algunas relaciones ocurre exactamente igual: Si propongo una solución, siempre quiero hacer las cosas a mi manera; Si consulto, no sé decidir; Si espero, no me implico; Y si decido ir por mi cuenta para dejar de desgastarme intentando llegar a un acuerdo imposible, entonces voy por libre.
Siempre parece que hay un punto mal.
Siempre parece que la labor depende de ti.
Hace un mes te hablé del doble vínculo lanero y de por qué estas dinámicas llegan a ser tan agotadoras. No quiero volver a explicarte ese concepto, hoy quería dar un paso más. Porque llega un momento en el que dejas de pensar que el patrón está mal y empiezas a creer que la mala tejedora eres tú.
Esto es lo perverso de la manipulación o del perfeccionismo tóxico: la única forma de ganar el juego es no jugarlo.
En psicología, cuando un sistema te exige corregir fallos que tú no has cometido, la autoexigencia se convierte en un mecanismo de defensa.
De forma inconsciente prefieres asumir que la culpa es tuya, antes que aceptar que estás atrapada en una labor, donde las reglas cambian según sople el viento.
¿Cómo se arregla un patrón imposible?
Hace poco leí un libro del doctor en Psicología Sergi Rufi (la belleza de la rareza) que me hizo darle muchas vueltas a la cabeza. Decía que, a veces, no sentimos solo culpa. También sentimos culpa por sentir culpa. Algo absurdo pero cierto, ocurre.
Te culpas por no llegar a todo, y luego te culpas por estar frustrada. Es la trampa de la meta-culpa. Te juzgas por dudar, te juzgas por cansarte y te exiges mantener una sonrisa impecable mientras intentas cuadrar puntos que matemáticamente no pueden cuadrar.
Me pareció una idea muy interesante porque, al final, acabamos construyendo una segunda capa de sufrimiento encima de la primera. Y encima dejamos de preguntarnos el motivo que nos genera la culpa por estar demasiado ocupados padeciéndola…
Con los patrones imposibles pasa algo parecido. Al principio cuentas los puntos, después deshaces unas vueltas, luego vuelves a empezar y sin darte cuenta, dejas de intentar entender el patrón para empezar a cuestionarte a ti. Ahí creo que merece la pena parar.
Ya has contado suficientes puntos.
Ya has deshecho suficientes vueltas.
Ya has comprobado una y otra vez que las cuentas no salen.
Seguir insistiendo solo consigue una cosa: que acabes dudando de una habilidad que siempre has tenido. Porque algunos patrones se arreglan corrigiendo una vuelta, otros se arreglan cerrándolos.
Coger otro patrón no significa rendirse. Significa dejar de intentar demostrar que eres buena tejedora en una labor que nunca contempló que pudieras hacerlo bien.

Tejiendo desde la cicatriz
Durante mucho tiempo pensé que el problema era mi forma de tejer. hasta que entendí algo incómodo: El problema no era mi forma de tejer, era que el patrón nunca podía salir bien.
Y mientras intentaba corregir un patrón imposible…me estaba destejiendo a mí misma. Es el precio que pagamos por intentar encajar en moldes ajenos.
Cada vez que perdonas un trato injusto justificándolo con un «es que yo tendría que haberlo dicho de otra manera», le estás quitando hebras a tu propia autoestima.
A veces crecer no consiste en aprender un punto nuevo y volver a intentar tejerlo con él. A veces es dejar de insistir en una labor que nunca iba a salir bien.
Porque no todas las prendas merecen terminarse, ni todos los patrones merecen que sigas dudando de ti.
Y llega un punto en el que hay que decidir si prefieres salvar la prenda o salvarte tú.
Frase para tu Diario Lanero
Hoy dejo de contar puntos en un patrón mal escrito y empiezo a escucharme a mí.
Dale una vuelta al ovillo
¿Sigues contando puntos en un patrón imposible o ha llegado el momento de cambiar de patrón? Te leo
Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de Pacotilla que ya no se empeña en terminar todas las labores que empieza.
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Psicología de Pacotilla es una sección divulgativa creada desde mi experiencia personal y mi formación como estudiante de Psicología. Su objetivo es acercar conceptos psicológicos al lenguaje que compartimos las tejedoras.
Este contenido no constituye terapia psicológica, diagnóstico ni intervención sanitaria, y en ningún caso sustituye la atención de un profesional cualificado.
Aprendamos juntas, siempre con curiosidad, espíritu crítico y responsabilidad.