Auditoría de vínculos: ¿Inversión o lana de saldo?

Querida tejedora:

¿Le regalarías una madeja de seda teñida a mano a alguien que solo la quiere para limpiar el suelo?

Solo de imaginarlo ya duele un poco.

Entonces, ¿por qué a veces hacemos exactamente eso con nuestra energía?

Porque la verdad es que nuestro tiempo, nuestra atención y nuestra paz mental son recursos limitados. Igual que una madeja tiene metros concretos de hilo, nosotras también tenemos una cantidad limitada de horas, paciencia y capacidad emocional.

Y sin embargo, muchas veces los repartimos como si fueran infinitos.

Durante años pensé que ser buena amiga, buena compañera o buena persona consistía en estar siempre disponible. Escuchar. Ayudar. Comprender. Acompañar.

Hasta que un día me di cuenta de algo incómodo: El almacén se estaba vaciando. Y ni siquiera recordaba cuándo había dejado de revisar las cuentas.

Tu patrimonio es tu energía vital

A veces te esfuerzas tanto en construir una amistad, una relación o un vínculo que dejas de preguntarte algo fundamental:

¿Está funcionando?

Seguimos invirtiendo tiempo, atención y energía porque queremos que funcione. Porque recordamos lo que fue. Porque imaginamos lo que podría llegar a ser. Porque nos gustaría que nos trataran como nosotros tratamos a los demás.

Y sin darnos cuenta seguimos tejiendo una labor que quizá hace tiempo que dejó de crecer.

La realidad es menos romántica que un ovillo de color rosita pastel. Si tú eres la única persona que está tejiendo, ese jersey nunca va a tener dos mangas.

La lógica del balance

Hace poco descubrí un concepto de Psicología que me hizo pensar mucho: la Teoría del Intercambio Social.

Plantea que las relaciones humanas funcionan, en parte, como una evaluación constante entre costes y beneficios. Es algo inconsciente, no se trata de coger una calculadora.

Pero nuestro cerebro sí registra algo importante: Cómo nos sentimos cuando estamos con alguien.

Si esa relación nos aporta bienestar. Si nos genera desgaste. Si existe crecimiento mutuo.

O si llevamos años sosteniendo una inversión que ya no produce nada más que cansancio.

Si lo pensamos fríamente, todas nuestras relaciones tienen una especie de contabilidad invisible.

No porque seamos egoístas. Sino porque somos humanos.

Activos y pasivos emocionales

Si tu vida fuera una empresa, tus relaciones también aparecerían en el balance.

Tendrías activos.

Y tendrías pasivos.

Entre los activos estarían esas personas que te hacen sentir tranquila después de hablar con ellas. Las que se alegran de tus avances. Las que aparecen cuando las necesitas. Las que te permiten ser tú misma sin tener que justificarte constantemente. Y que después no tengas que gastar energía mental en analizar la conversación ni las consecuencias de verlas. Paz mental, vaya.

Y después estarían los costes.

Las que piden explicaciones aunque no las merecen. No porque las personas sean malas. Sino porque algunas relaciones requieren una inversión emocional tan alta que terminan agotándonos.

Hay amistades que generan crecimiento. Otras generan cansancio.

Hay conversaciones que te llenan de energía. Y otras que te dejan sin batería durante tres días.

La cuestión no es que una relación tenga costes. Todas los tienen. La cuestión es si el balance general sigue siendo positivo.

Y quizá por eso conviene recordar algo importante.

No confundas presencia con compromiso ni permanencia con coincidencia.

Hay personas que siguen ahí porque existe un vínculo que ambas partes cuidan. Otras permanecen simplemente porque la costumbre ocupa más espacio del que creemos.

Compartir tiempo no siempre es compartir camino.

El peaje de la auditoría

Y aquí aparece el invitado incómodo de siempre.

La culpa.

Porque cuando empiezas a proteger tu tiempo, tu energía o tu tranquilidad, algo dentro de ti protesta.

Te preguntas si te estarás volviendo egoísta. Si deberías esforzarte más. Si quizá estás abandonando a alguien.

Pero quizá la auditoría más difícil no sea la de nuestras relaciones sino la de nuestras expectativas.

Porque muchas veces seguimos invirtiendo en determinados vínculos por la esperanza de que algún día funcionen como imaginamos. Spoiler: Ahí no es.

Como quien guarda una madeja para un proyecto perfecto que nunca termina de llegar (normal, porque no existe). Y mientras esperamos ese momento seguimos gastando recursos: tiempo, atención y energía.

Hasta que un día abrimos el almacén y descubrimos que apenas queda stock para nosotras mismas. Te empiezas a sentir vacía, tonta…utilizada a veces.

Haz inventario

La lección más importante de esta teoría no es aprender a juzgar mejor a los demás. Es aprender a valorar mejor nuestros propios recursos.

Porque tu tiempo es limitado, tu energía es limitada y tu paz mental también.

No se trata de cerrar el taller, sino todo el mundo estaría viviendo en una cueva en el monte Cantabria. Ni de poner precio a cada conversación. La vida no es una hoja de Excel.

Se trata de recordar que tu stash no es infinito y que administrarlo bien también es una forma de autocuidado.

Así que hoy te propongo una pequeña auditoría. No de los demás, de ti.

Si tu vínculo afectivo fuera una empresa, a día de hoy. ¿Cuál sería el saldo neto de tu paz?

¿Estás obteniendo rendimiento emocional de la inversión que realizas?

¿O sigues manteniendo abierta una actividad que hace años dejó de ser rentable para tu bienestar? (Ya sabes, la costumbre).

Frase para tu Diario Lanero

«La cuestión no es cuánto das. La cuestión es si lo que das también te permite seguir tejiendo.»

Firmado: Makandra Elipsis. Psicóloga de pacotilla y auditora de ovillos.

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Psicología de Pacotilla es una sección divulgativa creada desde mi experiencia personal y mi formación como estudiante de Psicología. Su objetivo es acercar conceptos psicológicos al lenguaje que compartimos las tejedoras.

Este contenido no constituye terapia psicológica, diagnóstico ni intervención sanitaria, y en ningún caso sustituye la atención de un profesional cualificado.

Aprendamos juntas, siempre con curiosidad, espíritu crítico y responsabilidad.

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