De aquellos barros, estos lodos

Crónica Lanera · Vol. XXII

Querida tejedora:

Había días en los que grabar una Crónica Lanera se convertía en una gymkana antes siquiera de pulsar el botón rec. Que si el bochorno de mi casa (me arrepentía de haber elegido ponerme un jersey), que si abre la ventana. Luego me peleaba con la cámara, después con el encuadre, y cuando creía que tenía dos minutos de toma resulta que había grabado siete segundos. Sigo sin saber adónde le di, pero ahí se quedó. Y justo cuando todo parecía listo, pasaba alguien cagándose muy arriba por la calle y pensabas «esto lo corto, madre mía».

Así arrancó este episodio a finales de abril de 2024: con un segundo café en la mano, un calor horroroso y con la decisión de no hacer otra toma más. Odio esa sensación de que todo cuesta el doble cuando tienes con la cabeza llena de cosas. Pero como de costumbre, había lana para aburrir.

Makandra en De aquellos barros, estos lodos, Crónica Lanera Vol. XXII de Ganchilleart

Una Vespa, una chalqueta y la primavera riojana

Lo primero que enseñé fue una Vespa tejida a partir de un tutorial gratuito de Raquel (Saekita Ganchillo). La saqué adelante en un par de tardes, mitad en casa y mitad en el parque mientras el koala corría de un lado a otro. Yo tejía con mi cesta en el parque (muy casa de la pradera) pero aquello funcionó.

Hay un momento en la maternidad en el que de repente te das cuenta de que tu hijo ya no necesita que estés pegada a él cada segundo. Juega, se entretiene solo y tú recuperas pequeños ratitos de una independencia que ya tenías olvidada.

Aquel día también enseñé la «chalketa», una prenda pensada para el clima riojano, donde puedes salir a la calle a seis grados y volver a dieciocho a mediodía. Un tutorial largo pero práctico. La idea era hacer algo versátil: una prenda que sirviera como chaqueta y que, al desabotonarla y doblarla, funcionara como chal o bufanda. Empezó siendo de tres colores, pero la simplifiqué a uno solo con una cenefa de corazones en varios tonos con botones de madera ocultos. Durante la grabación me peleé en vivo abrochando, pero lo dejé tal cual: «no voy a cortar, ten paciencia, avanza el vídeo o haz lo que te dé la gana». Profesionalidad sí, pero yo misma ante todo.

Ocho tallas y un cerebro echando humo

La chalketa tenía además un reto añadido: estaba preparando el patrón para la web en ocho tallas, de la S a la 3XL. Ahí aprendí por la vía rápida que escalar una prenda no consiste en coger la talla pequeña y multiplicarla a lo loco. Los cuerpos no crecen así; puedes cambiar de contorno sin medir dos metros de alto.

Raquel me echó un cable enorme para entender esto, porque la prenda se tiene que adaptar a la persona, jamás la persona al patrón. Calcular tallas es un dolor de cabeza, es más serio de lo que parece desde fuera, por suerte me ayudaron mucho, nadie nace aprendido.

De aquellos barros, estos lodos

Mientras intentaba cuadrar esto, tenía en marcha una cantidad de proyectos que roza la muerte por estrés. Seguía liada con el Jersey Amigo Fiel de Susimiu, que es bastante oversize y yo ya andaba pensando en entallarlo, cambiar el cuello y hasta convertirlo en vestido con corte evasé. Menos mal que se quedó en jersey…

Me pasa siempre: veo un patrón, me gusta, lo empiezo y a los cinco minutos ya estoy pensando cómo cambiarlo. Es que le veo mejoras, no sé explicarlo.

A eso sumaba el jersey rosita que terminaría siendo el Suéter Esperanza (a falta de una manga porque me quedé sin hilo) y el Bolso de Minnie en tapestry. En la base de este último había una vuelta que no me convencía del todo porque se veía levemente ahuevada, así que la deshice.

Si veo un punto raro soy capaz de deshacer cuatro vueltas. O eso, o estaré mirándolo fijamente hasta convencerme de que es mejor deshacer.

La manta de temperaturas y el rincón de los abandonos

La manta de temperaturas de 2024 iba por mediados de abril, tejida en punto semilla, y empezaba a abultar lo suyo. En Logroño pasábamos de quince a treinta grados en cuestión de días, así que la manta era un caos de color meteorológico.

Lo curioso es que mientras la haces no eres demasiado consciente de lo que estás construyendo, solo piensas: hoy toca este color, una vuelta más pero después la extiendes y ves meses de vida (y de cambio climático) delante. Eso sigue pareciéndome una de las cosas más bonitas de ese proyecto, eso y que la hice en un año importante para mí. Un punto de inflexión personal, un año bisiesto y que empezaba en lunes.

Al lado tenía la manta de grannys 3D en completo abandono, estancada en el granny del conejo aunque yo jurara solemnemente que la terminaría ese año.

Spoiler: Dos años más tarde me acabo de hacer la misma promesa.

Solté la frase de «yo no soy de las que dejan proyectos parados durante años», pero la realidad es que también tenía trece fascículos de la colección de Susimiu en stand by. En mi cabeza ya estaba planeando cambiarles los hilos y los colores antes de abrir los paquetes. Coherencia en estado puro, vaya.

De toda esta acumulación surgió la idea del Chal de la Vergoña (o CAL de la vergüenza), pensado para rescatar esos patrones que compras con toda la ilusión del mundo y se quedan años cogiendo polvo en una carpeta del ordenador. Los que te dan vergüenza propia.

El Diógenes lanero no solo acumula ovillos, también acumula proyectos que nunca se terminan.

Un mal día no es momento para juzgar tu trabajo

Durante la grabación dejé una reflexión a la que sigo volviendo a menudo: la forma en que juzgamos lo que tejemos dependiendo de cómo nos sentimos. Un día te pruebas un vestido tejido por ti y te ves espectacular; dos días después te lo pones y te ves hecha un chorizo. La prenda no ha cambiado, ha cambiado tu cabeza, tu cansancio y el día que llevas encima.

Por eso digo siempre que si estás teniendo un mal día, no busques fallos. Guarda la labor, déjala descansar y mírala la semana que viene. A veces no estás juzgando el patrón, te estás machacando a ti misma.

El valor del tiempo y la Taza de la Victoria

Con treinta y nueve años ya empezaba a rondarme la cabeza la idea del tiempo y su valor. Grabar, editar, maquetar, adaptar tallas y responder dudas exige horas, y cuanto más tiempo pasa, más te preguntas si lo que estás haciendo merece la pena o si prefieres enfocar tu energía en otra parte.

Para cerrar el episodio enseñé una taza que lleva conmigo más de diez años. Me la compré justo después de una experiencia laboral surrealista: entré a trabajar en una tienda y, tras dos semanas trabajando sin que me dieran de alta, pregunté por mi contrato.

Pregunté muy en mi línea. Es de esas veces en las que empecé a ser yo, a dejar de tener modales, vergüenza (llámalo como quieras). Pero me salió del alma.

La respuesta fue un burofax de despido inmediato. Me fui a la tienda de al lado y me compré esa taza a modo de trofeo.

Si pedir lo mínimo legal hace que te echen, te están haciendo un favor sacándote de allí. A veces la vida te aparta de lugares donde no tienes que estar de la forma más extraña.

Diez años después, el trabajo ni me acuerdo de él, pero la taza me hizo recordar por qué no hay que quedarse callada.

Lo que no sale en ese podcast es que hace un año se la regalé a alguien que la necesitaba más que yo: al verla en mi casa, recordó a su madre tomando café en ella. Pensé que la «Taza de Victoria» ya había cumplido su función y merecía hacer feliz a esa persona cada vez que la usase. Ahora es la taza de su mami.

Tejiendo desde la cicatriz

Revisar este episodio me da la razón en algo: las cosas raramente salen como las planeas. Una Chalketa que iba a ser de tres colores acaba siendo de uno, un jersey no se convierte en vestido y un proyecto que juraste terminar en diciembre se queda esperando a que llegue su momento (espero que sea este año). No pasa nada. Cambiar de plan o dejar una labor parada no es fracasar; simplemente es adaptar el patrón a lo que necesitas hoy.

Frase para tu Diario Lanero

No todo lo que cambia de rumbo se ha estropeado; a veces solo está encontrando la forma correcta de encajar contigo.

Dale una vuelta al ovillo

¿Qué decisión o proyecto tuyo cambió por completo respecto al plan inicial y terminó siendo lo mejor que te podía haber pasado?

¿Prefieres ver la historia original?

Esta Crónica Lanera nació frente a una cámara. Puedes ver el vídeo completo aquí

Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de Pacotilla y cronista lanera que aprendió que algunos finales con taza son comienzos y te regalan una amistad.

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Este espacio forma parte de Ganchilleart® y todo el contenido compartido está protegido por derechos de autor. Crónicas Laneras es una colección de artículos narrativos inspirados en experiencias reales alrededor del crochet, la comunidad y el camino personal.

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