Mi primer directo… con Saekita Ganchillo

Crónica Lanera · Vol. XXVI

Querida tejedora:

Hay primeras veces que una prepara durante semanas y otras en las que, sencillamente, un día pulsa el botón y piensa: bueno, pues ya estamos aquí.

Esta fue una de esas.

Mi primer directo en Ganchilleart no lo hice sola. Desde Galicia, estaba con Saekita Ganchillo y entre las dos conseguimos hacer lo que mejor sabemos hacer las tejedoras cuando nos juntamos: empezar hablando de una cosa y terminar recorriendo media casa entre prendas, ovillos, técnicas, regalos y proyectos pendientes.

Porque aquello no seguía un guion, sino la ilusión después de un viaje en el que por fin había podido abrazar a quien me había ayudado tanto desde el otro lado del teléfono.

Así que, en realidad, fue una conversación entre tejedoras con una cámara encendida.

Primer directo de Ganchilleart con Saekita Ganchillo, Crónica Lanera Vol. XXVI

Cuando enseñar también es sentarse a tejer juntas

Empezamos sacando labores.

Una bufanda o estola construida con algo tan sencillo como cadenetas y puntos altos. Un proyecto de esos que recuerdan que no hace falta conocer veinte puntos distintos para hacer una prenda bonita. Puedes cambiar el ancho, alargarla todo lo que quieras y convertir una estructura muy básica en algo completamente tuyo.

También hablamos de cómo hacer dos filas de punto alto de una sola vez, de un chal sencillo tejido con punto granny y de una de mis prácticas favoritas del universo lanero: aprovechar restos.

Esos ovillos que aparentemente ya no sirven para nada pueden acabar mezclándose entre sí, hilvanándose y creando un degradado que probablemente nunca habrías diseñado si hubieras ido a una tienda buscando los colores perfectos.

Y creo que ahí hay algo muy bonito del crochet. Muchas veces creemos que necesitamos el material adecuado para empezar un proyecto cuando quizá el proyecto aparece precisamente porque intentamos descubrir qué podemos hacer con lo que ya tenemos.

Menita de invierno

También apareció en pantalla la adaptación invernal de un patrón de Raquel, que esta vez había tejido con una mezcla de alpaca.

Cambiar el material puede transformar completamente una prenda, pero adaptar un diseño no consiste simplemente en coger un ganchillo más grueso y esperar que ocurra la magia.

Hablamos de construcción, de adaptabilidad, de las vueltas cortas en el cuello y de montar puntos en el aire. Esta versión incluye adaptaciones en el pecho, las sisas… Vamos, que se puede considerar un patrón diferente aunque, al mismo tiempo, sea gemelo del anterior.

Nombramos todas esas partes técnicas de un jersey con naturalidad y de forma divertida a pesar de que, cuando empiezas a tejer prendas, parecen ingeniería aeroespacial. Pasado un tiempo terminan formando parte de tu vocabulario habitual.

Quizá una de las cosas que más me gustan de volver a estas Crónicas sea precisamente esa: vernos explicando técnicas que en algún momento tuve que aprender por primera vez.

Porque ninguna tejedora nace sabiendo qué c*ñ* es una vuelta corta.

El bloqueo: ese momento en el que descubres que todavía no habías terminado

Es inevitable: terminamos hablando también del bloqueo.

Porque puedes cortar el hilo, esconder las hebras y decir en voz alta que has terminado una prenda, pero dependiendo de la fibra quizá todavía quede una conversación pendiente entre tú y aquello que acabas de tejer.

El algodón no se comporta igual que la lana, tampoco el acrílico responde de la misma manera. Bloquear no significa mojar una labor, ni estirarla hasta que deje de parecerse al proyecto que habías tejido, significa entender el material.

Es dejar que los puntos se coloquen, dar forma cuando lo necesita y sobre todo, aprender que no todas las fibras aceptan las mismas instrucciones.

Algo que, ahora que lo pienso, tampoco es una mala lección fuera del crochet.

El cajón de los restos también cuenta historias

Durante aquel directo aparecieron prendas más complejas, de esas que nacen de la mente brillante de Raquel. Entre ellas, un chaleco o poncho con mangas y puntos en relieve inspirado en una prenda de pasarela. Su imaginación es única.

También me puse durante un rato una preciosa chaqueta de grannys, me estaba muriendo de calor pero era tan bonita que no quería quitármela.

Y volvimos una y otra vez a lo mismo que hacemos constantemente quienes tejemos: mirar una prenda, intentar entender cómo está construida y ponernos a tejer.

Es algo así: vemos una forma, una textura de puntos, una combinación de colores y nuestro cerebro empieza inmediatamente a desmontarla:

«Esto parece un rectángulo.»

«Aquí habrá aumentos.»

«Eso con un granny podría quedar bien.»

A veces la inspiración llega en forma de patrón perfectamente escrito pero que tú deseas modificar, y otras empieza con una tejedora mirando una prenda durante demasiado tiempo y pensando: yo creo que sé cómo han hecho esto, no me lo compro, me lo hago.

Así es como ella creó un vestido que vimos en otro podcast y que planeamos un día grabar juntas…

Las cosas que viajan de unas manos a otras

También hubo intercambio de regalos: amigurumis, marcadores, accesorios cosidos a mano y pequeños objetos que habían ido llegando desde distintos lugares.

Pero una tejedora sabe que un regalo hecho a mano contiene una unidad de medida que no aparece en ninguna etiqueta: tiempo.

Alguien eligió el material, pensó en ti, se sentó, empezó, deshizo probablemente alguna vuelta y terminó. Lo preparó y consiguió que llegara hasta tus manos.

Por eso dentro de las comunidades de tejido terminan circulando muchas más cosas que lana: horas, conocimientos, patrones, consejos, materiales que a una le sobran y a otra le faltan, o un directo que quizá jamás hubiera existido si dos personas no se hubieran conocido gracias a la lana.

Una comunidad también tiene labores a medias

Por entonces seguíamos muy activas en Telegram y planeábamos un canal de YouTube juntas: la esgrima de la lana.

Me encantó el avatar que diseñó y también estaba en marcha aquella idea de rescatar proyectos pendientes para el canal, como una de sus mantas.

Con el tiempo he aprendido que las labores abandonadas tampoco son necesariamente un fracaso.

Algunas vuelven, otras se transforman.

Algunas terminan tejidas y otras simplemente cumplieron su función mientras las soñábamos.

Porque si existe algo capaz de unir a un grupo de tejedoras es descubrir que todas tenemos alguna bolsa escondida con una labor que preferimos no mirar directamente a los ojos.

Ese proyecto que empezaste entusiasmada.

El que sin saber porqué se torció.

El que dejó de apetecerte porque se enfrió.

El que guardaste «hasta la semana que viene» y lleva dos años esperando.

Pero sabes que nunca va a volver, porque no todos los ovillos tienen que acabar convertidos en aquello que imaginábamos.

Tejiendo desde la cicatriz

Volver ahora a mi primer directo tiene algo curioso, no solo veo los proyectos que enseñábamos, veo una etapa concreta de Ganchilleart.

Conversaciones que entonces formaban parte de mi día a día, proyectos que todavía no sabía dónde terminarían y una Elsa que quería descubrir qué hacer con todo aquello. Quizá esa sea una de las razones por las que estoy recuperando estas Crónicas.

No quiero reescribir el pasado para que encaje perfectamente con el presente. Quiero poder mirarlo sabiendo que aquello también fue Ganchilleart.

Las personas cambian, las comunidades cambian. Algunos proyectos permanecen como la web y otros terminan evaporándose como aquel canal.

Pero lo tejido no desaparece porque la etapa haya terminado, forma parte de la labor completa y fue una parte esencial sin la que todo esto no existiría.

Gracias por las vueltas que tejimos; no voy a deshacerlas pero sigo con la labor.

Frase para tu Diario Lanero

No necesitas borrar las vueltas anteriores para seguir tejiendo las siguientes.

Dale una vuelta al ovillo

¿Hay alguna etapa de tu vida que hoy puedas mirar con cariño aunque ya no quieras volver a ella? Te leo

¿Prefieres verla?

Esta Crónica Lanera nació frente a una cámara. Puedes ver el vídeo original completo aquí

Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de Pacotilla y cronista lanera que aprendió que cerrar una etapa no obliga a borrar lo que tejiste en ella.

Ganchilleart® | Contenido Protegido

Este espacio forma parte de Ganchilleart® y todo el contenido compartido está protegido por derechos de autor.

Crónicas Laneras es una colección de artículos narrativos inspirados en experiencias reales vividas alrededor del crochet, la comunidad y el camino personal que ha acompañado a Ganchilleart a lo largo de los años.

Este contenido tiene carácter divulgativo y autobiográfico. Su objetivo es compartir aprendizajes, vivencias y reflexiones que puedan inspirar a otras personas a seguir tejiendo, dentro y fuera del ganchillo.

Aprendamos juntas, siempre con curiosidad, espíritu crítico y responsabilidad.

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