El jersey que dejaste a medias

Anoche tuve un sueño.

Soñé con mi primer amor. Fue la primera persona con la que me sentí querida. La primera que me regaló un ramo de flores. La primera que me hizo sentir vista, especial, importante.

En el sueño no nos besábamos. No volvíamos. No había ninguna reconciliación romántica. Simplemente nos poníamos al día. Habían pasado los años y yo le contaba quién soy ahora. Le explicaba por qué me fui en aquel momento, por qué me desenamoré y por qué ya no estaba dispuesta a quedarme en una relación donde daba mucho más de lo que recibía.

Cuando me desperté, mi cabeza de lana empezó a hacer de las suyas porque me di cuenta de algo. Mi sueño no me estaba diciendo que quisiera volver con él (a saber como está el patio después de veinte años jajaja), me estaba diciendo otra cosa: «Mira quién eras cuando sucedió todo aquello. Y mira quién eres ahora».

El cajón de la vergüenza

Ese sueño me recordó a ese primer jersey que dejamos abandonado en el cajón de la vergüenza. Ya sabes cuál. Ese proyecto enorme que empezaste llena de ilusión, el que parecía el definitivo, el que te hizo pensar: «Ahora sí».

Pero a mitad del camino descubriste que aquello era mucho más complicado de lo que parecía. Quizá elegiste un punto que no dominabas, quizá te equivocaste en las medidas o quizá, simplemente, cambiaste. Y un día acabó doblado en una bolsa. Esperando.

No sabes si deshacerlo, si retomarlo o si algún día lo terminarás. Y pasan los años hasta que un día vuelves a abrir el cajón, lo sacas, lo miras y entiendes algo: no quieres terminarlo. No porque el proyecto estuviera mal, sino porque tú ya no eres la misma persona que empezó a tejerlo.

La nostalgia autobiográfica

En psicología, a este fenómeno lo llamamos nostalgia autobiográfica. La nostalgia autobiográfica, no consiste en querer regresar al pasado, sino en utilizar recuerdos significativos para comprender nuestra identidad actual. Nuestro cerebro compara quiénes éramos entonces con quiénes somos ahora y utiliza esa información para actualizar la historia que contamos sobre nosotras mismas.

Es un proceso mental muy curioso porque tendemos a pensar que cuando recordamos a una persona o una situación del pasado es porque la echamos de menos, pero la mente nos la juega.

La realidad es que no siempre extrañamos a la persona; echamos de menos quiénes éramos nosotras cuando la conocimos. Y eso es mucho más profundo.

No soñé con él porque fuera el amor de mi vida. Soñé con él porque fue la primera persona con la que aprendí cómo quería sentirme en una relación. La primera vez que alguien me hizo sentir elegida. La primera vez que pensé: «Este sí».

Seguro que tú también tienes un «este sí» guardado en algún rincón de tu memoria. No porque fuera perfecto ni para siempre, sino porque fue la primera vez que algo te hizo sentir de una manera diferente.

A veces soñamos con personas que ya no tienen sitio en nuestro presente porque necesitamos recordar quiénes éramos cuando las conocimos.

De las relaciones Top-Down a las relaciones Bottom-Up

Durante muchos años construí mi vida y mis relaciones como tejía mis jerséis: usando la técnica top-down.

Conoces a alguien, te ilusionas, te metes de cabeza en el proyecto y empiezas a invertir y a dar, esperando que la reciprocidad, la confianza y el amor aparezcan solos.

Es decir, vas tejiendo sobre la marcha. Como cuando empiezas un jersey desde el cuello y piensas: «Bueno, ya lo iré adaptando». Le añado dos puntos más aquí, le meto unos aumentos allá y voy ajustando la talla según avanzo.

Durante mucho tiempo pensé que así funcionaban el amor y la amistad. Primero te metes y después ya veremos si llega la reciprocidad, si la otra persona también construye o si realmente quiere quedarse.

Pero los años tienen una forma muy curiosa de enseñarnos las cosas. Después de unos cuantos proyecticidios emocionales, empiezas a plantearte otra posibilidad: las relaciones bottom-up.

En el formato bottom-up primero miras la base. Compruebas que existe reciprocidad real, observas si hay interés y verificas que la otra persona también pone de su parte para levantar el proyecto. Y solo después de asegurar esa base, sigues tejiendo.

Primero construyes dentro y luego muestras fuera. Quizá por eso las relaciones bottom-up parecen más lentas. Porque ya no se construyen desde la ilusión, sino desde la observación. Ya no preguntan «¿y si sale bien?», sino «¿hay una base real sobre la que merezca la pena seguir tejiendo?».

Son esos proyectos que al principio generan una ansiedad terrible porque no puedes ir corrigiendo constantemente sobre la marcha; te exigen confiar en el proceso y requieren cimientos sólidos antes de seguir creciendo. Y quizá por eso dan tanto miedo, son un acto de Fe en mayúsculas.

El verdadero aprendizaje

Al despertar me di cuenta de que la persona que soñaba ya no era la misma que se enamoró. La mujer que soy hoy ya no cabe en aquel patrón. No porque aquella relación fuera mala, sino porque yo ya no encajo en esa forma de querer.

Ahora sé que me gusta sentirme querida, elegida y respetada. Que me gusta la reciprocidad, que me gustan las flores y que me sigan conquistando después de haberme conquistado. Porque el amor no consiste en conseguir que alguien se quede; consiste en seguir eligiéndose cuando ya podrías dejar de hacerlo.

Frase para tu diario lanero:

A veces, la mayor muestra de amor es cerrar el cajón de la vergüenza, asumir el proyecticidio y aceptar que hay patrones que no merecen ser tejidos.

¿Qué proyecto sigues mirando hoy con nostalgia? ¿Echas de menos lo que era… o a la versión de ti misma cuando empezó?

Nos leemos entre ovillos.

Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de pacotilla y tejedora bottom-up.

Ganchilleart® | Contenido Protegido

Este espacio forma parte de Ganchilleart® y todo el contenido compartido está protegido por derechos de autor.

Psicología de Pacotilla es una sección divulgativa creada desde mi experiencia personal y mi formación como estudiante de Psicología. Su objetivo es acercar conceptos psicológicos al lenguaje que compartimos las tejedoras.

Este contenido no constituye terapia psicológica, diagnóstico ni intervención sanitaria, y en ningún caso sustituye la atención de un profesional cualificado.

Aprendamos juntas, siempre con curiosidad, espíritu crítico y responsabilidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *