En pijama y a dormir tan a gusto

Crónica Lanera · Vol. XXX

Querida tejedora:

Hay días maravillosos que terminan contigo queriendo desinstalar WhatsApp, apagar el teléfono y marcharte al monte a vivir como Gollum sin hablar con nadie.

Y aquel fue uno de ellos.

Venía de pasar un día estupendo. Habíamos tenido un evento en el barrio, con música, comida, gente aprendiendo a tejer y esa sensación tan bonita que aparece cuando sacas el ganchillo de casa y el tejido deja de ser una actividad solitaria para convertirse en comunidad.

Pero llegué a casa saturada.

No era cansancio físico. Era esa sensación de tener demasiadas pestañas abiertas en la cabeza: mensajes, conversaciones, cosas pendientes, contenido, obligaciones, ideas… Lo que yo entonces llamaba resaca mental y que, cuando se pasa de vueltas, directamente se convierte en diarrea mental.

Y curiosamente, aquella noche algo tan sencillo como hacer un granny square consiguió bajarme otra vez al suelo.

Makandra en pijama durante la Crónica Lanera En pijama y a dormir tan a gusto de Ganchilleart

El ruido de todo lo pendiente

Hay tareas que puedes posponer, pero no consigues quitarte de encima. Las desplazas al lunes, a la semana que viene o a «cuando tenga un rato», pero siguen ocupando espacio mental.

Porque una cosa pendiente no desaparece por no hacerla. Sigue ahí y, cuanto más tiempo la aplazas, más energía consumes pensando que deberías estar haciéndola.

En aquel momento yo tenía una de esas cosas delante y empezaba a darme cuenta de que continuar haciendo malabares para mantenerlo absolutamente todo no iba a solucionar el problema. Necesitaba liberar espacio.

Por eso decidí parar durante un tiempo la creación de contenido y dedicar esa energía a estudiar y a otras partes de mi vida que entonces necesitaban más atención.

No estaba abandonando Ganchilleart. Estaba recolocándolo.

Cuando el tiempo empieza a valer diferente

Creo que llega un momento en la vida en el que empiezas a medir el tiempo de otra manera.

Ves lo frágil que es todo, lo rápido que pasan los años y lo poco que dura la infancia. De repente entiendes que el tiempo que entregas a una cosa necesariamente se lo estás quitando a otra.

Un tutorial puede llevar horas de preparación, grabación, edición y publicación. Y puede funcionar fenomenal o puede quedarse perdido en YouTube después de todo ese trabajo.

Pero una tarde de la infancia de tu hijo no puedes volver a grabarla.

Eso no significa que tengas que abandonar tus proyectos, tus sueños o aquello que te hace sentir realizada. Significa que quizá de vez en cuando conviene preguntarse si el reparto que estás haciendo sigue teniendo sentido.

Porque las prioridades también cambian.

En aquella época cada vez me apetecía más salir a correr. Quería estudiar. Quería tejer simplemente por tejer, sin pensar necesariamente en convertir después aquello en un tutorial. Y empezaba a descubrir que disfrutar de algo sin monetizarlo, grabarlo o enseñarlo también era una forma perfectamente válida de aprovechar el tiempo.

Del «qué dirán» al «el que me conozca, que me compre»

Cuando empecé en YouTube me preocupaba muchísimo lo que pudiera pensar la gente. Las críticas, los comentarios, si algo gustaría o no, si estaba haciendo las cosas como se suponía que debía hacerlas.

Y de repente miraba alrededor y había una comunidad de unas 5.000 personas. Aquello que un día me dio miedo empezar había crecido.

Yo también.

Y quizá por eso empezaba a importarme bastante menos parecer coherente desde fuera.

Hay temporadas en las que quiero diseñar, otras en las que quiero tejer. De repente quiero correr, luego estudiar, después vuelvo a coger un ovillo y aparece otra idea.

Durante mucho tiempo quizá pensé que tenía que elegir una versión definitiva de mí misma y quedarme ahí para resultar comprensible a los demás.

Pero no.

Acepto esa dualidad que tengo. Yo me acepto como soy; el que me conozca, que me compre.

Y resulta que también hay bastante paz en eso.

Tejiendo desde la cicatriz

Ahora, mirando aquel vídeo con perspectiva, me hace gracia verme anunciando que iba a parar la creación de contenido durante el resto del año.

Porque la vida siguió haciendo exactamente lo que suele hacer conmigo: cambiar de patrón cuando yo ya creía haber entendido las instrucciones.

Pero la reflexión de aquella noche sigue pareciéndome válida.

No podemos hacerlo todo al mismo tiempo. Y reconocerlo no significa renunciar. A veces significa simplemente decidir qué necesita más de ti ahora.

Puedes querer muchísimo un proyecto y aun así dejarlo descansar. Puedes adorar una comunidad y apagar el teléfono. Puedes ser madre, corredora, estudiante, tejedora, creadora y veinte cosas más sin tener que serlas todas con la misma intensidad todos los días.

Quizá organizar una vida no consiste en conseguir que quepa todo.

Consiste en aprender qué toca tejer en cada momento.

Frase para tu Diario Lanero

No tengo que tejer todos mis proyectos a la vez para que todos formen parte de mí.

Dale una vuelta al ovillo

Si hoy tuvieras que liberar espacio para una sola cosa verdaderamente importante, ¿qué dejarías descansar durante un tiempo?

¿Prefieres verla?

Esta Crónica Lanera nació frente a una cámara. Puedes ver el vídeo original completo aquí

Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de Pacotilla y cronista lanera que sigue cambiando de ovillo, pero ya no necesita disculparse por ello.

Ganchilleart® | Contenido Protegido

Este espacio forma parte de Ganchilleart® y todo el contenido compartido está protegido por derechos de autor.

Crónicas Laneras es una colección de artículos narrativos inspirados en experiencias reales vividas alrededor del crochet, la comunidad y el camino personal que ha acompañado a Ganchilleart a lo largo de los años.

Este contenido tiene carácter divulgativo y autobiográfico. Su objetivo es compartir aprendizajes, vivencias y reflexiones que puedan inspirar a otras personas a seguir tejiendo, dentro y fuera del ganchillo.

Aprendamos juntas, siempre con curiosidad, espíritu crítico y responsabilidad.

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