¿Y si paramos en cinco?

(Cómo nace un vínculo)

Querida tejedora:

Seguro que al leer el artículo anterior, ¿Y si no era química?, has pensado algo parecido a esto:

«Vale, Elsa. Todo eso está muy bien pero soy una señora adulta, no soy una monja y tengo mis necesidades.»

Pues claro, yo también. Ráscate o que te rasquen.

Y precisamente por eso quería escribir este artículo, porque una relación íntima también es una forma de conocerse… No hablo solo de sexo, hablo de observar mientras ocurre el sexo.

De darte cuenta de si la otra persona está pendiente de ti o solo de sí misma. De si te escucha, de si pregunta, de si es generosa o egoísta en ese terreno… Si cuando termina el momento bonito, sigue interesándose por ti como persona o una vez satisfecha ese deseo, el interés empieza a desaparecer.

No es casualidad: la testosterona y el deseo suelen ir bastante de la mano y cuando la relación todavía es muy superficial, muchas veces también lo hace el interés por seguir conociendo a la otra persona.

Y no, no pretendo que estés ahí con una libreta tomando apuntes. Bastante tienes con acordarte de dónde has dejado el sujetador, pero cuando llegues a casa, dale una vuelta al ovillo. Igual descubres cosas que en ese momento ni habías visto.

Antes de las cicatrices

Cuando todavía tejía a ojo…allá por mis veinte años…le echaba mucho morro a la vida. Llámalo también miedo a la soledad o necesidad de validación externa, que se yo.

El caso es que tenia una frase estrella para entrarle a alguien que hacía reír y destensaba el ambiente.

Mas allá de romper el hielo, era mi manera de quitarle dramatismo a algo que, en realidad, siempre he vivido con bastante naturalidad.

Dicen los expertos que a partir del sexto te enamoras; ¿y si echamos cinco y paramos?

Y aquí viene la parte en la que necesito que no me malinterpretes.

No soy una suelta. Logroño es una ciudad muy pequeña. Quizá lo haya echo media docena de veces… y el entorno empezaría a considerarme una promiscua. No pretendo demonizar pero mi educación entra en conflicto con ello con intimar con alguien si no veo futuro, al menos inmediato.

De hecho, nueve de cada diez veces que aquello pasaba de un segundo encuentro, esa persona acababa convirtiéndose en mi pareja. Con un solo round, ya sabía si quería seguir en el ring o recoger los guantes, entonces para qué.

Nunca he sido de ir coleccionando nombres, al contrario, siempre he tendido a vincularme.

Y precisamente ahí está el problema.

El problema nunca fue acostarme con alguien, el problema era enamorarme antes de haber observado suficiente.

En psicología esto tiene bastante sentido

Nuestro cerebro no distingue demasiado bien entre la intimidad física y el vínculo emocional.

Después de un orgasmo liberamos oxitocina, conocida como la hormona del apego. No aparece por arte de magia un amor romántico y eterno; pero sí hace que nos resulte mucho más fácil sentir cercanía, confianza y conexión con la otra persona.

Por eso no creo que la solución sea demonizar el sexo sino elegir bien con quién decides compartirlo.

Porque, salvo que seas una persona extremadamente fría o arrastres determinadas heridas que dificulten el vínculo, lo normal es que esa intimidad deje huella.

Y por si te lo estabas preguntando, no, ellos tampoco vienen sin hormonas de serie. Aunque el proceso de vínculo suele seguir un ritmo diferente.

En los hombres también interviene la vasopresina, una hormona relacionada con el apego y el compromiso. ¿Y sabes qué necesita para hacer su trabajo?

Tiempo.

Tiempo para conocerte, para confiar, para comprobar que también eres un lugar seguro.

Y quizá por eso nuestras abuelas insistían tanto en aquello de «hazte valer». No era solo una cuestión de educación. Sin saberlo, también le estaban dando tiempo al vínculo.

Quizá todos salgamos ganando si dejamos de correr tanto.

Y si ya sabes que tu cerebro funciona así… ¿Por qué ponérselo tan difícil?

Porque si esa persona está casada, tiene tres hijos y te ha dicho que no piensa separarse… o tiene un proyecto de vida completamente distinto al tuyo… o ya ves señales de que no buscáis lo mismo a largo plazo…igual mejor no meterse ahí.

No porque el sexo sea malo, sino porque no sea la mejor idea seguir alimentando un vínculo, que después te va a costar romper.

Porque tu cerebro está haciendo exactamente aquello para lo que fue diseñado.

Vincularse.

Y ahí entendí que la verdadera pregunta siempre había sido:

¿Quiero enamorarme de esta persona?

Porque si la respuesta es «no», mejor parar antes de que la biología haga su trabajo.

Tejiendo desde la cicatriz

Antes esperaba que me eligieran, ahora intento decidir si yo elegiría a esa persona para compartir mi vida.

Aunque esa vida acabe durando solo dos semanas…

Porque si después de pasar a mayores aparece una red flag como una catedral, mejor descubrirla cuanto antes.

Y aunque siga equivocándome muchas veces, te aseguro que la paz mental que da ese cambio de perspectiva merece muchísimo la pena.

Al final me di cuenta de que esto no es tan distinto de apuntarte a una carrera.

Makandra antes de correr una media maratón reflexionando sobre cómo nace un vínculo.

Antes de inscribirte miras la distancia, el recorrido, el desnivel, el tiempo del que dispones para entrenar… Porque no es lo mismo querer correr cinco kilómetros que apuntarte a una media maratón.

Con las relaciones me pasa igual, intento averiguar si su camino se parece al mío o no me pongo ese dorsal.

Quizá el problema nunca esté en esperar cinco, sino en empezar a correr antes de decidir si esa carrera es para mí.


Frase para tu Diario Lanero

Antes de dejar que aparezcan los sentimientos, asegúrate de que también elegirías a esa persona con la cabeza.


Dale una vuelta al ovillo

¿Crees que es posible elegir de quien te enamoras o piensas que eso no se puede controlar?


Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de Pacotilla que ahora mira la etiqueta del ovillo antes de comprar la lana.

Ganchilleart® | Contenido Protegido

Este espacio forma parte de Ganchilleart® y todo el contenido compartido está protegido por derechos de autor.

Psicología de Pacotilla es una sección divulgativa creada desde mi experiencia personal y mi formación como estudiante de Psicología. Su objetivo es acercar conceptos psicológicos al lenguaje que compartimos las tejedoras.

Este contenido no constituye terapia psicológica, diagnóstico ni intervención sanitaria, y en ningún caso sustituye la atención de un profesional cualificado.

Aprendamos juntas, siempre con curiosidad, espíritu crítico y responsabilidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *