¿Y si no era química?

(cómo empiezas a conocer a alguien)

Querida tejedora:

Hoy no vengo a hablarte de lana. Bueno… en realidad sí.

Lo que vengo es a hablarte de un pedazo de patrón, aunque no sea precisamente de esos que se hacen con puntos altos y cadenetas, porque llevo un tiempo observando uno que se repite tanto que ya me cuesta creer que sea casualidad.

Conoces a alguien que te cae bien y te parece interesante. No estás enamorada, ni siquiera sabes si esa persona podría llegar a encajar contigo. Solo decides darle una oportunidad, compartir una Coca-Cola y tener una conversación para ver qué pasa.

La conversación fluye y piensas: «Qué tio más interesante, no se qué tiene pero algo tiene».

Ya te dije en uno de los podcasts de crónicas laneras, que todo el mundo es interesante si lo miras con atención…

Y entonces ocurre algo raro. Esa persona insiste en volver a quedar contigo, te invita a un evento, aceptas y allí aparece otra versión: te presta menos atención, se distrae, habla con todo el mundo menos contigo y acabas preguntándote por qué insistió tanto en invitarte si luego iba a ignorarte durante media tarde.

Como eres una persona adulta, decides disfrutar igualmente del plan, dejas de buscar su atención y empiezas a pasártelo bien por tu cuenta. Y, curiosamente, cuando ya te vas de la fiesta… vuelve a buscarte.

Ahí fue donde mi cerebro de lana empezó a hacerse preguntas.

En psicología esto se parece al refuerzo intermitente

Hace tiempo te hablé del refuerzo intermitente cuando escribí sobre el maltrato lanero. Nuestro cerebro se engancha mucho más a las recompensas imprevisibles que a las constantes, es el mismo mecanismo que hace que una máquina tragaperras resulte tan adictiva: nunca sabes cuándo llegará el premio, así que sigues jugando.

Con algunas personas ocurre igual: un día te hacen sentir importante, al siguiente desaparecen y luego vuelven con su sonrisa profiden.

Al principio él es el que inicia las conversaciones, las alarga preguntando logística… Y tú dudas de si el interés es profesional, amistoso o personal; después contesta a los mensajes veinte minutos más tarde, luego una hora, después tres y, sin darte cuenta, ya no estás disfrutando de conocer a alguien, te has quedado esperando.

Esperando ese mensaje que ni querías, o al menos no habías buscado porque no necesitabas.

Y lo peor es que todavía ni siquiera sabes si quieres esperar a esa persona. Todo mal, vaya.

Catálogo de patrones 2025

Después de una intensa semana de prácticas escritas, en Tinder el año pasado, empecé a darme cuenta de que había patrones que no eran casualidad. Descubrí incluso la famosa regla del 3X. Si no la conoces, búscala. Da un poco de vértigo descubrir que existe todo un catálogo de estrategias para generar dependencia emocional.

Lo curioso es que, una vez las conoces, empiezas a reconocerlas.

No sé si todo el mundo las utiliza de forma consciente, probablemente no, pero el efecto sobre quien las recibe es exactamente el mismo.

Ansiedad.

Y la ansiedad te impide pensar si quieres esto, sólo te reabre otros rechazos y luchas por ser elegida de nuevo, ante un elemento que probablemente este chateando con veinte tías más. Y tu empezabas a plantearte que igual te encajaba…

Atracción no es confianza. Y tampoco es lealtad.

Creo que aquí todos cometemos el mismo error: la atracción nos hace creer que ya tenemos información suficiente sobre una persona, y no la tenemos.

Que alguien te guste no significa que puedas confiar en él y que alguien diga que es leal no significa que lo sea.

Porque hay una frase que llevo un tiempo repitiéndome: que alguien te diga algo no significa que sea verdad, significa que lo ha dicho. Y punto.

Parece una tontería, pero cambia completamente la forma de conocerse.

Todos sabemos decir que somos sinceros, que somos leales, que buscamos algo serio y que odiamos las mentiras, pero decirlo no convierte a nadie en una persona real.

La confianza no entra por los ojos y la lealtad tampoco; la autenticidad no se escucha, se observa, y eso, mi querida amiga lanera, necesita tiempo.

¿Cuántas Coca-Colas hacen falta?

Hay una pregunta que me hago mucho últimamente: ¿Cuántas Coca-Colas necesito para saber si una persona es real?

Bastantes más de las que creemos, porque una Coca-Cola solo demuestra que alguien sabe mantener una conversación durante dos horas. No demuestra cómo gestiona un conflicto, cómo habla de la gente cuando no está delante, si cumple lo que promete, cómo actúa cuando las cosas dejan de salir bien ni si será capaz de estar cuando de verdad haga falta.

Foto con mi Patri y mi Roci. (¿O qué te pensabas? jajaja)

Y ahí entendí algo: nos enamoramos de datos insuficientes cuando, en realidad, todavía no sabes ni siquiera si quieres enamorarte de esa persona; (o al menos de la versión que muestra y tú te has montado en la cabeza)

Coleccionar pruebas

Antes pensaba que conocer a alguien era coleccionar citas, ahora creo que conocer a alguien es coleccionar pruebas. Suena mal pero te ahorrarás muchos dramas.

No es para desconfiar de todo el mundo ni para poner exámenes a nadie, sino porque… ¿Cuántos años tienes? ¿De verdad quieres volver a perder otros ocho años de tu vida confiando en alguien, solo porque te dijo las palabras adecuadas?

No se trata de poner a prueba, se trata de darle al tiempo la oportunidad de hacer su trabajo, porque acaba enseñándote quién es de verdad esa persona.

Tu nuevo patrón

(Sin puntos bajos ni cadenetas.)

Durante mucho tiempo la pregunta era otra: ¿le gusto?

Después pasó a ser: ¿soy suficiente?

Hasta que, después de unos cuantos golpes de la vida (y algún que otro koala), entendí que me estaba haciendo la pregunta equivocada.

La pregunta es: ¿realmente esta persona encaja conmigo?

Y esa pregunta cambia por completo la forma de empezar cualquier vínculo, porque ya no buscas demostrar que eres suficiente para que la otra persona no se vaya, empiezas a observar si esa persona merece quedarse en tu vida.

Ni tampoco habla de adaptar tanto tu forma de ser para agradarle, que acabas fusionándote y dejando de ser tú.

Y esto no habla solo de pareja, habla de amistades, de compañeros de trabajo, de socios de empresa y de cualquier persona a la que decidas abrirle la puerta de tu vida.

Invertir toda esa energía en intentar gustarle a alguien es agotador, invertirla en conocerte mejor y observar con calma a quién tienes delante, te da mucha más paz.

Hoy ya no necesitas respuestas rápidas de whatsapp, necesitas que vaya pasando el tiempo; porque la atracción es instantánea, la confianza tarda más pero la lealtad solo la demuestran los hechos.

Sé que soy pesadita con la frase, pero cada vez es más cierta: Uno vale lo mismo que su palabra…

Por eso ya no te interesa tanto lo que ese «señoro» dice de sí mismo, te interesa ver lo que hace.

Frase para tu Diario Lanero

No necesito más promesas. Necesito más tiempo para observar los hechos.

Dale una vuelta al ovillo…

¿En qué momento dejaste de preguntarte «¿le gusto?» para empezar a preguntarte «¿realmente me gusta?»

Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de Pacotilla que probablemente acabará sola con su ovillo, su koala y su gato. Pero visto el panorama, tampoco parece un mal plan.

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