Hasta las narices de empezar desde la cadeneta

Estás cansada de volver a empezar.

De sentarte delante de alguien nuevo y volver a explicar quién eres, qué te pasó, qué has aprendido, qué quieres ahora. De escuchar otra historia, intentar entenderla, abrir una puerta pequeñita, preguntarte si merece la pena abrir un poco más…

Podríamos llamarlo fatiga emocional o relacional: cuando no necesariamente has dejado de querer conectar con otras personas, pero el esfuerzo que anticipas para construir un vínculo nuevo empieza a parecerte mayor que las ganas de intentarlo.

En lenguaje lanero: es como terminar una chaqueta después de horas y horas de trabajo, probártela y descubrir que no te sirve.

La deshaces, empiezas otra, vuelves a contar puntos, vuelves a medir, vuelves a ilusionarte… y tampoco.

Hasta que un día miras los ovillos y piensas:

Mira, ¿sabes qué? No quiero volver a tejer una chaqueta en mi vida.

No porque odies las chaquetas.

Porque estás hasta las narices de empezar desde la cadeneta.

¿Por qué acabamos tan cansadas de volver a empezar?

Porque una relación empieza mucho antes de la primera cita: cuando decides volver a exponerte y a conocer a alguien. Cuando respondes un mensaje, aceptas un café, cuentas por enésima vez a qué te dedicas, qué haces en tu tiempo libre, si tienes hijos, qué buscas, de dónde vienes y por qué estás donde estás.

Y después llega la parte que no cabe en una biografía: ir descubriendo cómo piensa esa persona, cómo se relaciona, qué quiere realmente, si lo que dice coincide con lo que hace, si puedes confiar, si hay reciprocidad, si te gusta de verdad o simplemente te gusta la posibilidad de que esta vez funcione.

Todo eso requiere energía emocional y cognitiva.

Cuando además vienes de una o varias experiencias que terminaron mal, tu cerebro ya tiene información previa. Y la utiliza. No necesariamente para decirte «no te enamores», sino para recordarte cuánto trabajo costó aquello la última vez.

Ya conoces el patrón, sabes cuánto cuesta tejer la chaqueta y también sabes que puede que después no llegue a valerte.

Cuando el cansancio se convierte en «nunca más»

Aquí aparece una trampa bastante humana: convertir tus emociones del presente en una sentencia sobre tu futuro.

«No quiero conocer a nadie».

«Estoy mejor sola».

«No vuelvo a enamorarme».

«Se acabó».

«Nunca más».

Puede que sea verdad, pero también puede que lo único verdadero sea esto:

ahora mismo no me apetece volver a empezar.

Y no significan lo mismo.

Cuando estamos cansadas tendemos a buscar soluciones definitivas para dejar de sentir incertidumbre. Decidir «nunca más» proporciona una especie de alivio inmediato porque elimina el problema:

si no vuelvo a intentarlo, tampoco tengo que volver a decepcionarme.

Es como tirar todos los ovillos después de una chaqueta desastrosa: problema resuelto.

Pero también te has quedado sin posibilidad de tejer otra…

No necesitas decidir hoy qué querrás mañana

Quizá una de las cosas más liberadoras que puedes hacer sea dejar de exigirte una postura definitiva hoy (nuestro cerebro odia la incertidumbre pero nadie te obliga a posicionarte aún).

No tienes que decidir si volverás a tener pareja, ni cuándo.

Ni demostrar que has superado nada descargándote una aplicación de citas (ya te hablé de mi experiencia en «me bajo de la vida«) y aparte luego toca lidiar con esa sensación rollo vergüenza absurda: pufff, ¿cómo he acabado yo aquí? ¿Tan poco valgo como para tener que convencer a un desconocido de que merece la pena conocerme viendo cuatro fotos sobre mí?

Y no significa que todo haya salido mal en tu vida, no prueba nada. No debes culparte.

Makandra dentro de un corazón de atrezo sola en la playa. Fatiga emocional y cansancio de volver a empezar una relación

Ni obligarte a «dar oportunidades» porque alguien parezca estupendo sobre el papel (igual lo es, pero si no te pone… no es para ti).

Tampoco necesitas jurar ante notario que jamás volverás a enamorarte (cosa que tampoco controlas, maja).

Puedes estar simplemente en pausa o como te dije en otro post, estar en agamia. Eso no es un fracaso ni una renuncia. Es un espacio en el que dejas de invertir energía en buscar, analizar y construir vínculos nuevos y vuelves a colocar esa energía en otras partes de tu vida.

Los ovillos pueden quedarse en el armario. Tranquila porque no caducan.

¿Cómo salir de la frustración sin obligarte a volver a intentarlo?

Lo primero es dejar de pelearte con el cansancio, eso es luchar contra ti misma.

Si ahora mismo conocer a alguien te produce más pereza que ilusión, quizá no necesites convencerte de lo contrario. Puedes aceptar esa sensación sin convertirla en una identidad.

Después conviene separar dos preguntas que solemos mezclar:

¿No quiero una relación o no quiero pasar otra vez por todo el proceso necesario para construirla?

Lo que te da miedo igual no es el proceso sino el posible resultado…

Un café puede ser solo un café

Mejor dejamos de evaluar cada encuentro como si fuera el comienzo potencial de una historia. Un café puede ser solamente un café. Conocer a alguien no te obliga a abrir todas las puertas de golpe ni a decidir en tres citas si esa persona podría estar contigo dentro de cinco años.

Y sobre todo, puedes dejar que la confianza se construya con información nueva, descubriendo cada día un trozo de quien tienes enfrente. Las personas van dejándose ver (si tu problema es que desconfías) conforme pasa el tiempo.

No necesitas destejer todo lo aprendido. Las experiencias anteriores sirven para reconocer puntos que ya sabes que no funcionan contigo y poner límites antes. Eso te hace elegir mejor.

La siguiente chaqueta, si algún día decides tejerla, no empiezas a hacerla sabiendo lo mismo que cuando tejiste la primera.

Tu yo 2.0

Esta quizá sea la parte que olvidamos cuando una relación termina o cuando vemos que conocer a ese alguien nuevo no llega a ninguna parte.

Parece que volvemos a empezar de cero, pero no. Tú no eres la misma persona que empezó la primera chaqueta, sabes medir mejor.

Reconoces antes cuándo algo está quedando torcido. Has aprendido qué materiales no quieres utilizar, qué puntos te resultan incómodos y qué cosas tolerabas antes pensando que ya se arreglarían al final.

Volver a empezar desde la cadeneta no significa volver a empezar desde cero, ni que tengas que empezar mañana…

Se trata de no confundir el cansancio de hoy con lo que vas a querer durante el resto de tu vida.

Tejiendo desde la cicatriz

Hay épocas en las que no quieres otra chaqueta.

Perfecto.

Dobla las que tengas, guarda los ovillos y dedícate a otra cosa que te haga feliz.

Quizá un día veas un patrón y pienses: «Ese sí».

Si alguna vez vuelves a coger el ganchillo, no será porque alguien te haya convencido de intentarlo otra vez. Será porque vuelvas a tener más curiosidad que cansancio.

Frase para tu Diario Lanero

No confundas estar cansada de volver a empezar, con haber dejado de querer construir.

Dale una vuelta al ovillo

¿Hay algo a lo que has dicho «nunca más» cuando, en realidad, quizá solo necesitabas decir «ahora no»?

Te leo en comentarios

Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de pacotilla y tejedora de chaquetas de vez en cuando.

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