Se tenía que decir y se dijo

Crónica Lanera · Vol. XXVIII

Querida tejedora:

Son las diez de la noche. Estoy sin maquillar, sin peinar, sin forzar y lo más extraño de todo tratándose de este canal, sin ganchillo.

Porque aquel día no venía a enseñarte ningún proyecto. Venía a cascar algo que tenía atravesado y como dije nada más encender la cámara: «se tenía que decir y se dijo».

La paradoja es que mientras en YouTube se estaba montando una polémica por un llavero de labios, mi vida real estaba bastante más ocupada con una espalda dolorida, un coche con efecto acordeón, una carrera que no iba a poder correr y mi hijo cargando yogures en la mochila del colegio porque yo no podía coger peso.

Pero empecemos por el principio.

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?

Todo empezó con un comentario en el tutorial del llavero de labios. Me acusaban de haber plagiado un patrón y aquello me tocó bastante las narices.

No porque creyera que en el mundo del crochet somos capaces de inventar cada mañana un punto que jamás haya utilizado nadie. A estas alturas, encontrar dos proyectos parecidos es prácticamente inevitable. Está todo inventado. La cuestión es distinguir entre inspirarte, coincidir, partir de una idea que circula desde hace años o coger deliberadamente el trabajo de otra persona y presentarlo como propio.

Mi llavero ni siquiera se construía de la misma manera que aquel con el que pretendían compararlo. Como expliqué entonces con toda la elegancia de la que fui capaz: «mi patrón se teje como un chorizo».

Y el otro patrón, con el que no comparto ni el mismo número de puntos o vueltas, por lo que pude ver, se teje en dos piezas.

Vamos, que se parecen igual que un huevo a una castaña…

Pero aquella acusación también me hizo pensar en algo que sigo considerando importante: detrás de un tutorial hay muchas horas que no aparecen en los minutos que tú ves en YouTube. Hay pruebas, anotaciones, piezas que salen mal, cambios de hilo, modificaciones de tensión, grabación, edición y muchas veces una libreta llena de garabatos que solo entiende quien los escribió.

Defender ese trabajo no significa creer que eres propietaria del punto bajo.

Significa reconocer la diferencia entre compartir conocimiento y apropiarse del trabajo ajeno.

Makandra en Se tenía que decir y se dijo, Crónica Lanera Vol. XXVIII de Ganchilleart con cara de circunstancia.

Mientras tanto, en la vida real

Toda aquella discusión virtual sucedía mientras yo estaba de baja después de haber sufrido un accidente de tráfico en la rotonda de Chile.

Estaba parada esperando para incorporarme cuando el conductor que venía detrás entendió que íbamos a pasar los dos y me embistió. Al principio parecía el típico golpe de guardabarros, que da muchísima rabia, pero se arregla. Hasta que levantaron la rueda de repuesto y descubrimos que el coche parecía un acordeón por dentro.

Y mi espalda había sufrido las consecuencias.

Tenía una sensación bastante desagradable, como si un cable metálico ardiendo me recorriera desde la espalda hacia los brazos. Levantarlos dolía, coger peso dolía y hasta lavarme el pelo se había convertido en una actividad que requería planificación.

Lo peor para mí fue asumir que no iba a correr el Desafío Sarrio. Llevaba meses preparándome para aquellos 24 kilómetros de monte y durante unas horas intenté negociar con la realidad pensando que quizá con un paracetamol podría correr al día siguiente.

Spoiler: no.

Hay veces en las que el cuerpo tiene una capacidad extraordinaria para terminar discusiones que la cabeza todavía pretende mantener.

Lo bueno que tiene todo lo que te sucede

No voy a romantizar estar lesionada porque dolía y me frustraba muchísimo. No podía correr, me costaba concentrarme para estudiar y había días en los que mi actividad más exigente consistía en ver la televisión desde el sofá.

Pero también ocurrió algo bonito.

La baja me permitió llevar a mi hijo al colegio en autobús y después ir a buscarlo. Algo tan cotidiano para muchas familias y que mis horarios de trabajo no siempre me permitían hacer.

Incluso terminó ayudándome con la compra, llevando yogures y algunas cosas en su mochila porque yo no podía cargar peso.

A veces una situación puede ser una mierda y tener algo bueno al mismo tiempo. Una cosa no quita la otra.

Y quizá por eso dije algo que sigo intentando hacer siempre que se me tuercen las cosas: buscar lo bueno que tiene todo lo que te sucede. No para negar lo malo, sino para que no sea lo único que ocupe todo el espacio dentro de mi cabeza.

Cinco mil personas y unas cuantas tejedoras de verdad

En mitad de todo aquello, el canal acababa de superar los 5.000 suscriptores.

Para alguien que había empezado grabando vídeos sin saber muy bien hasta dónde iba a llegar aquello, cinco mil personas al otro lado de una pantalla son muchas.

YouTube, económicamente, seguía siendo otra historia. Creo que lo describí bastante bien: era como cuando venía tu abuela y te daba la paga. Con suerte, da para comprarme unas zapatillas de correr una vez al año.

Pero detrás de los números había empezado a aparecer algo que para mí tenía bastante más valor: comunidad.

En Telegram seguíamos con los CAL, los sorteos, la manta olvidada y los proyectos de rescate. También empezaba a distinguir entre quien entraba exclusivamente buscando un premio y quien disfruta enseñando avances, ayudando a otra tejedora o simplemente compartiendo el proceso.

Porque una comunidad no se construye acumulando usuarios, sino cuando las personas empiezan a conocerse unas a otras.

Hasta la costura también se enseña

El accidente también había retrasado tutoriales que tenía pendientes, entre ellos el de una camiseta que estaba volviendo a grabar en turquesa, ante la avalancha de comentarios tipo: la camiseta es muy bonita pero no se ve en ese hilo tan oscuro.

Y ahí apareció otra reflexión que con los años ha terminado definiendo cómo entiendo yo los tutoriales de YouTube.

Cuando sabes hacer algo, empiezas a dar por evidentes algunos pasos.

«Ahora cosemos.»

Y pasas a la siguiente pieza.

Pero para alguien que acaba de coger un ganchillo, precisamente cómo se cose eso puede ser la parte más difícil de todo el proyecto.

Aquello me recordó que grabar no consiste en enseñar cuánto sabes, sino en recordar cómo era no saberlo.

La parte que para ti resulta obvia puede ser la razón por la que otra tejedora abandone una labor.

Tejiendo desde la cicatriz

Visto desde ahora, aquel vídeo tiene una mezcla bastante absurda: una acusación de plagio, un accidente, fisioterapia, una carrera perdida, cinco mil suscriptores, tutoriales retrasados, Telegram y una sesión con Rebeca, mi fisio, encontrando puntos gatillo con una precisión, que me hizo pensar en esas películas en las que alguien toca dos puntos del cuerpo y deja al adversario inconsciente.

Y quizá por eso me gusta recuperar estas Crónicas, porque la vida nunca ocurre organizada por categorías, todo se mezcla.

Mientras una parte de ti está indignadísima porque alguien ha cuestionado tu trabajo, otra está intentando levantar los brazos sin sentirse un playmobil. Y si dejas de lamentarte por aquello que no puedes hacer, a veces descubres que esa misma pausa te está regalando algo tan sencillo como tiempo con tu hijo.

Aquel día encendí la cámara porque necesitaba soltarlo todo.

Veintitrés minutos después lo había soltado.

«Y hasta aquí la chapa. Ya me he quedado a gusto, ya ha subido el pan.»

Y me fui bastante zen a dormir.

Frase para tu Diario Lanero

No todo lo que te obliga a parar viene a detenerte; algunas pausas también te enseñan dónde estabas corriendo demasiado.

Dale una vuelta al ovillo

¿Alguna vez algo que inicialmente viviste como un drama terminó regalándote algo que no esperabas?

¿Prefieres verla?

Esta Crónica Lanera nació frente a una cámara. Puedes ver el vídeo original completo aquí

Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de Pacotilla y cronista lanera que descubrió que algunas noches no necesita un ganchillo: necesita soltar y quedarse tan a gusto.

Ganchilleart® | Contenido Protegido

Este espacio forma parte de Ganchilleart® y todo el contenido compartido está protegido por derechos de autor.

Crónicas Laneras es una colección de artículos narrativos inspirados en experiencias reales vividas alrededor del crochet, la comunidad y el camino personal que ha acompañado a Ganchilleart a lo largo de los años.

Este contenido tiene carácter divulgativo y autobiográfico. Su objetivo es compartir aprendizajes, vivencias y reflexiones que puedan inspirar a otras personas a seguir tejiendo, dentro y fuera del ganchillo.

Aprendamos juntas, siempre con curiosidad, espíritu crítico y responsabilidad.

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