Súper Mario Bros

Crónica Lanera · Vol. XXIX

Querida tejedora:

Hay épocas en las que parece que todos los proyectos se ponen de acuerdo para terminarse a la vez. Después de semanas viendo bolsas con ovillos a medio gastar, piezas esperando montaje y proyectos que empiezan a formar parte de la decoración de casa, de repente llega ese momento glorioso en el que puedes decir: terminado.

Y esta Crónica Lanera venía cargadita.

Había terminado el llavero de Super Mario, unos tulipanes, el Suéter Esperanza, un proyecto solidario por el Día del Autismo y, después de un año entero tejiendo temperaturas, por fin podía enseñar la manta de 2024 terminada.

Pero vayamos por partes, que aquí hay mucha lana.

Makandra con proyectos de crochet de Súper Mario Bros en la Crónica Lanera Vol. XXIX de Ganchilleart

De un champiñón a cuatro kilos de manta

Una de las cosas que enseñaba en aquel episodio era el resultado del llavero de Super Mario. Un proyecto pequeño, de esos que parecen poca cosa hasta que empiezas a cambiar de ganchillo, ajustar proporciones y descubrir que unos milímetros pueden hacer que dos piezas hechas con el mismo patrón parezcan primas lejanas.

También estaba Mario, tejido a partir de un tutorial gratuito de Amis tejiendo momentos, con los detalles de los ojos en fieltro y una gorra de quita y pon. Porque, evidentemente, si vas a hacer a Super Mario, tiene que poder quitarse la gorra.

Y en el extremo completamente opuesto de la escala estaba la manta de temperaturas de 2024.

Un año entero convertido en lana.

Aproximadamente metro y medio de ancho, unos cuatro kilos de peso y alrededor de cuarenta ovillos distribuidos por meses y colores según las temperaturas que habíamos ido viviendo.

Creo que esa es una de las cosas que más me gustan de las mantas de temperaturas. Cuando las empiezas solo estás escogiendo colores y apuntando grados, pero cuando las terminas tienes delante una especie de diario. Puedes mirar una franja y recordar que allí hizo un frío horroroso, que aquel verano parecía que íbamos a derretirnos o simplemente pensar: yo estaba viviendo mi vida mientras tejía todo esto.

Ovillos que cuentan otras historias

Entre los proyectos terminados también estaba el Suéter Esperanza, tejido con la lana que me había regalado mi tocaya Elsa Sánchez. Después de terminarlo y bloquearlo para conseguir que las mangas cogieran la forma que quería, por fin podía verlo convertido en aquello que había imaginado cuando todavía solo eran ovillos.

Había tulipanes a ganchillo, algunos destinados a convertirse en regalo y otros que nacieron como pruebas y terminaron viviendo en mi mesilla. Porque las tejedoras tenemos esa capacidad maravillosa de llenar una casa de prototipos hasta que un día alguien pregunta para qué sirve aquello y respondes con total dignidad: es una muestra.

También seguía trabajando en unos aguacates para decorar un frutero. Un proyecto que, naturalmente, terminé modificando porque quería cerrar mejor el círculo y cambiar las vueltas de color. Y avanzaba con una mochila basada en un tutorial de mi amiga Raquel.

Porque terminar cinco cosas no significa que una tejedora sensata se quede tranquilamente contemplando sus logros.

Significa que ya tiene espacio para empezar otras tres.

Cuando tejer sale de casa

Pero aquel episodio también tenía una parte que iba mucho más allá de enseñar proyectos.

Las UKÑ habíamos participado con otras tejedoras de la comarca en una iniciativa por el Día del Autismo. Y además había llegado algo que nos hacía especial ilusión: el grupo había aparecido en El Día de La Rioja.

Ver en un periódico algo que ha nacido alrededor de unos ovillos y un grupo de personas que decidieron juntarse a tejer tiene algo especial.

Porque el crochet puede empezar en el sofá de tu casa, pero nunca sabes dónde va a terminar.

Puede acabar convertido en un regalo, en una acción solidaria, en una amistad, en una asociación o incluso en una fotografía dentro de un periódico.

Y creo que ahí estaba ocurriendo una parte importante de la historia de Ganchilleart que entonces quizá todavía no podía ver completa: la lana estaba dejando de ser únicamente algo que hacía para convertirse también en una forma de crear comunidad (mírame ahora, escribiendo sobre lana, sobre qué sientes por ella y cómo te hace sentir comprarla.)

Psicología de Pacotilla antes de llamarse Psicología de Pacotilla

Entre Mario, aguacates y ovillos también hubo tiempo para una de esas reflexiones que acababan colándose en mis podcast: Hablé de limerencia.

De esa etapa en la que no siempre nos enamoramos exactamente de la persona que tenemos delante, sino también de todo aquello que hemos proyectado sobre ella. De lo que imaginamos que podría llegar a ser, de lo que necesitamos que sea y de la historia que nuestra cabeza empieza a escribir antes de que la realidad haya tenido tiempo de manifestarse.

Y quizá por eso una relación real necesita algo bastante menos cinematográfico y mucho más difícil: bidireccionalidad.

Que haya dos personas, dos voluntades de construir…

Porque puedes poner toda tu energía en una relación, igual que puedes seguir tejiendo sola una manta gigantesca, pero llega un momento en el que conviene mirar al otro lado y comprobar si alguien está sujetando también la hebra.

Resulta curioso verlo ahora, porque todavía no existía toda esta colección de artículos de Psicología de Pacotilla, pero las preguntas ya estaban ahí.

Tejiendo desde la cicatriz

Mirando esta Crónica con perspectiva, quizá lo que más me llama la atención es la cantidad de cosas distintas que cabían en mi vida al mismo tiempo.

Trabajaba, tejía, diseñaba, hacía cursos de TCAE, participaba en proyectos solidarios, construía comunidad, terminaba una manta de cuatro kilos mientras empezaba unos aguacates y por el camino, me daba tiempo a preguntarme por qué narices idealizamos a determinadas personas.

Un caos bastante coherente, ahora que lo pienso. Pero ninguna labor se construye de una sola vuelta.

La manta necesitó un año, el suéter Esperanza empezó siendo lana regalada, el proyecto del Día del Autismo necesitó muchas manos y las UKÑ que aparecieron en un periódico habían empezado simplemente reuniéndose para tejer.

Quizá muchas de las cosas importantes de nuestra vida funcionan exactamente así. Mientras estás haciendo una vuelta no parece que esté ocurriendo gran cosa, hasta que un día extiendes la manta y descubres todo lo que llevabas construido.

Frase para tu Diario Lanero

A veces estamos tan pendientes de la vuelta que estamos tejiendo que no vemos la prenda que ya hemos tejido.

Dale una vuelta al ovillo

¿Qué tienes hoy en tu vida que empezó siendo algo pequeñísimo y, casi sin darte cuenta, terminó convirtiéndose en algo importante?

¿Prefieres verla?

Esta Crónica Lanera nació frente a una cámara. Puedes ver el vídeo original completo aquí

Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de Pacotilla y cronista lanera que empezó contando puntos y acabó contando historias.

Ganchilleart® | Contenido Protegido

Este espacio forma parte de Ganchilleart® y todo el contenido compartido está protegido por derechos de autor.

Crónicas Laneras es una colección de artículos narrativos inspirados en experiencias reales vividas alrededor del crochet, la comunidad y el camino personal que ha acompañado a Ganchilleart a lo largo de los años.

Este contenido tiene carácter divulgativo y autobiográfico. Su objetivo es compartir aprendizajes, vivencias y reflexiones que puedan inspirar a otras personas a seguir tejiendo, dentro y fuera del ganchillo.

Aprendamos juntas, siempre con curiosidad, espíritu crítico y responsabilidad.

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