El vecino que no querrías tener

Querida tejedora:

Hoy no te voy a hablar de lana. Es más, ni siquiera era esto de lo que tocaba hablar esta semana. Pero he visto una película que me ha tocado tanto que mi cerebro de lana ha hecho una de sus conexiones y se ha colado por delante de lo que ya estaba previsto.

La película es: Un hombre llamado Ove.

Y antes de seguir te aviso: si eres medianamente sensible, es bastante probable que llores. De pena, de alegría o de las dos cosas. La puse porque necesitaba reírme, no entiendo como la clasifican de comedia, la verdad. Acabamos los dos hechos unas magdalenas.

No voy a contarte nada de la película porque merece la pena verla sin saber demasiado. Solo necesitas saber una cosa: cuando empieza, Ove me cae mal, súper mal.

Veo a un señor amargado, desagradable, maniático, de los que yo denomino «un tonto a las tres». De esos con los que intentaría coincidir lo menos posible en el ascensor cogiendo la escalera.

Y entonces la película empieza a contarme quién es. La misma persona, pero con otra mirada porque tienes más información.

Avanza la peli y Ove no se convierte de repente en otra persona para que cambie tu percepción, la que va cambiando eres tú.

Empiezas a conocer su historia, sus circunstancias, las cosas que le han ocurrido y la forma en que ha llegado hasta allí.

Y progresivamente pasas de: «Qué señor más amargado» a «ahora entiendo por qué este hombre es así». Incluso puede aparecer ternura hacia una persona que veinte minutos antes te resultaba insoportable.

Pero cuidao, porque aquí hay un matiz psicológico fundamental: comprender una conducta no significa justificarla.

Aunque esto encajaría también en algún sesgo (ya te expliqué que son «una especie de prejuicios propios», que nos hace verlo a nuestra manera por nuestras vivencias previas, sin ser objetivos), podemos ponerle nombre a ese cambio sobre Ove.

Error fundamental de atribución y cómo cambia nuestra percepción al conocer el contexto de una persona

Esto en psicología se llama…

Error fundamental de atribución.

Es nuestra tendencia a explicar el comportamiento de otras personas fijándonos en cómo creemos que son y poco en las circunstancias que pueden estar influyendo en cómo actúan.

Vemos el comportamiento y nuestro cerebro completa lo que falta con una explicación sobre cómo es esa persona (totalmente subjetiva, claro).

Es borde, es egoísta, maleducado, un malf*ll*do… Y a veces no tenemos ni puñetera idea.

Porque hay una diferencia enorme: de nosotros conocemos el contexto; de los demás vemos su conducta, nada más.

¿Y si la que contesta mal soy yo?

Si lo hago después de una noche horrible, sé que no he dormido, sé lo que me ha pasado durante el día, sé qué estaba pensando cinco minutos antes y sé cómo me sentía cuando abrí la boca.

Pero si otra persona me contesta mal en la cola del super, yo solo tengo acceso a sus últimos treinta segundos conmigo. Y mi cerebro puede convertirlos en una explicación sobre quién es.

Eso no significa que tengamos que justificar cualquier comportamiento porque quizá alguien esté teniendo un mal día. Pero muchas veces lo estamos juzgando sin perspectiva.

Entender no es absolver

Esto es algo que empecé a comprender mucho antes de ver esta película. Hubo una persona a la que durante mucho tiempo miré desde lo que había hecho y desde cómo me había afectado a mí.

Pero en este caso yo tenía una información que normalmente no tenemos de la cajera, del vecino o del que nos contesta mal: yo conocía su historia.

Sabía de dónde venía, cómo había crecido, cuál había sido su entorno y algunas de las cosas que había vivido antes de que nuestros caminos se cruzaran.

No hizo que determinadas conductas me parecieran bien, ni convirtió en aceptable lo que para mí no lo es, ni cambió lo que había sucedido (sería blanquear mucho daño), pero mirarlo desde ese ángulo me ayudó muchísimo a entenderlo.

Porque puedo conocer la infancia de alguien, su historia o las circunstancias que contribuyeron a que desarrollara determinadas formas de relacionarse conmigo y, aun así, mantener el mismo límite.

Comprender la causa de una conducta no me obliga a aceptar sus consecuencias. Puedo comprenderlo perfectamente y seguir teniendo claro lo que no puedo permitir en mi vida. «Como tuvo una infancia difícil, hay que perdonárselo todo». Pues no querido.

Empatizar sin renunciar a tus límites

Curiosamente, al entender su parte también pude entender mejor la mía: por qué le elegí, por qué nuestra relación había evolucionado de determinada manera y cómo habíamos llegado allí.

Conocer el contexto no cambia lo que hizo pero cambia la historia que tú te cuentas, para explicar por qué lo hizo. Eso me ayudó a sanar.

Cuando Makandra todavía era un ovillo

Mi abuela Marina siempre me decía algo que lo resumía bien:

«Nena, sé amable, porque nunca sabes lo que está pasando esa persona».

No podemos conocer la historia completa de cada uno con el que nos cruzamos (nos volvería locos tanta información) pero tampoco necesitamos conocerla para tratarle bien (o al menos con educación).

Y hay otra frase de Marian Rojas que le digo mucho a mi hijo:

«Siendo amable nunca te equivocas».

Y es verdad, pero después acaba apareciendo una pregunta incómoda: ¿Y yo?

Porque yo tampoco aparecí en el mundo completamente hecha. Tuve que aprender a ser así, sobre todo a desaprender. Pues esa se contesta sola: Esto funciona en las dos direcciones.

Tú también eres el personaje secundario de la película de otra persona.

Los demás tampoco saben nada de ti. Pueden pensar que eres maleducada cuando en ese momento estabas desbordada, distante cuando estabas protegiéndote, seria cuando estabas preocupada o simplemente puede haberte pillado en un día de mierda y haberse construido una explicación sobre quién eres.

Y probablemente jamás conocerán la película entera (te comportes como te comportes), ni tú tampoco la suya.

Tejiendo desde la cicatriz

Al terminar la película, el koala y yo estábamos llorando. Ove seguía siendo el mismo, lo que había cambiado era todo lo que yo sabía de él.

No podemos conocer la película completa de todo el mundo pero podemos recordar que existe.

Frase para tu Diario Lanero

«No conoces una vida entera por haber presenciado una escena».

Dale una vuelta al ovillo

¿Alguna vez cambió completamente tu percepción de alguien cuando conociste una parte de su historia que desconocías?

Ganchilleart® | Contenido Protegido

Este espacio forma parte de Ganchilleart® y todo el contenido compartido está protegido por derechos de autor.

Psicología de Pacotilla es un espacio de divulgación y reflexión sobre conceptos psicológicos llevados al lenguaje cotidiano y lanero.

Este contenido tiene carácter divulgativo y no sustituye en ningún caso la valoración, diagnóstico o tratamiento de un profesional de la salud mental.

Las reflexiones compartidas parten de conceptos psicológicos, experiencias personales y situaciones cotidianas con el objetivo de comprendernos un poquito mejor, nunca de diagnosticar ni etiquetar a otras personas.

Aprendamos juntas, siempre con curiosidad, espíritu crítico y responsabilidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *