Blue Monday

Crónica Lanera · Vol. XX

Querida tejedora:

Hay años que empiezan el 1 de enero y otros que empiezan cuando consigues sacar la cabeza por encima del agua. Aquel era el primer vídeo de 2024. Lo grabé un 15 de enero, a las 14:53 de la tarde, aunque por mi cara cualquiera habría dicho que eran las tres de la mañana.

Bueno, técnicamente para mí casi lo eran. Me levantaba a las 4:30 para trabajar y aquel era ya mi quinto café del día. El mes anterior algunas me habíais escrito preocupadas por mi cara de muerte y mis ojeras.

Yo intentaba tranquilizar al personal: no me estaba muriendo, estaba cansada, muy cansada. Empezaba un año nuevo y yo estaba convencida de que iba a ser diferente y de que pronto empezaría a sentirme mejor o al menos conseguiría por fin el divorcio.

Dos hexágonos y la cremallera de un euro

Por lo menos había conseguido terminar la chaqueta de hexágonos del CAL de Telegram. La había rematado prácticamente sobre la marcha y apurando el final de 2023 (el 28 o 29 de diciembre), para terminar antes de hacer el sorteo.

Hice dos hexágonos que fueron creciendo hasta llegar a la sisa, una costura por la hebra trasera, cuello, unas filas para alargarla, mangas con disminuciones y un elástico de dos puntos altos y dos puntos altos cogidos por detrás… y una cremallera del Tedi que me había costado un euro.

Cuando la vi me enamoré. Tenía brilli-brilli, era turquesa y rosa. Ese día no sabía aún para qué la quería, pero tuve que comprarla… Llevaba año y medio o dos en un cajón de mi casa esperando su momento.

Y ahí encontró su función. Aquella chaqueta había nacido de uno de nuestros CAL de Telegram, donde elegíamos un proyecto cada dos meses para tejer juntas. Siempre patrones gratuitos para no descartar a nadie.

Debieron de salir catorce o dieciséis chaquetas (hasta hice un short con las terminadas) y, por algún extraño motivo que todavía no sabemos, nos dimos cuenta de que aquel grupo estaba sufriendo una pequeña invasión de gallegas.

La comunidad lanera empezaba 2024 con buena salud, yo no tanta.

2024 iba a ser el año de las mantas

Había terminado también el Top Arena, aunque en pleno enero no estaba yo como para hacer un vivo de una prenda tan calada, así que enseñé fotos.

Y estaba muy orgullosa por haber terminado una manta para mi Koala. La había tejido con lana Daska del chino (cien por cien acrílica) y aproveché para dejar clara una de esas cosas que todavía sigo pensando:

Para mí lo que tiene valor es el tejido y las horas que le has metido, no el coste de tu material.

La manta estaba destinada originalmente al coche. La había hecho precisamente para eso, pero mi bichobola decidió que la prefería para el sofá y que al coche podía ir otra que tenemos de peluche.

El cliente siempre tiene razón porque a día de hoy vive a los pies de su cama… En ese episodio hice una predicción que, vista ahora con perspectiva, tenía bastante peligro (por aquello de la autoexigencia):

2024 iba a ser el año de las mantas. Esperaba hacer cuatro y una de ellas iba a necesitar exactamente 366 días, todo mi año.

Una fila cada día

El 1 de enero empecé mi manta de temperaturas. No quería la típica progresión de azules, amarillos, naranjas y rojos, (rollo arcoíris) así que hice lo que solía hacer cuando pedía opinión: consulté con el grupo de Telegram (y después hice lo que me dio la gana).

Verdes, rosas, malvas, y grises representarían las temperaturas máximas de cada día de mi año bisiesto.

Había calculado 377 filas: 366 días, once separaciones entre meses y después el borde. Mediría 1,35 metros de ancho y, según mis cuentas, podía terminar acercándose a los 3,70 metros de largo (una señora manta).

Cada tarde consultaría la temperatura máxima, tejería una fila y seguiría con mi vida (o esa era la idea). Y quizá eso era precisamente lo que necesitaba entonces: algo que no pudiera terminar de golpe, necesitaba encontrar una nueva rutina.

Porque el primer día de 2024 significaba muchísimo más para mí que estrenar calendario. Era dejar atrás un año horroroso. Venía de un momento que yo misma describía como de recuperación y aquel lunes, uno de enero de un año bisiesto, lo había convertido mentalmente en una especie de punto de inflexión.

Te hablaba de cambios y progreso personal. No sabía todavía cómo iba a ser aquel año pero de momento ya había empezado a tejerlo. Ahora creo que sentó las bases para todo lo que hay hoy.

Una hora corriendo

También había empezado a correr. Tres meses antes no corría absolutamente nada y ahora podía hacerlo durante una hora seguida.

A mi ritmo, sin ninguna intención de convertirme en atleta olímpica, pero una hora. Lo contaba súper contenta: «Si yo lo he hecho, tú lo puedes hacer».

Y animaba a quien quisiera probarlo a descargarse una aplicación gratuita que yo había usado, empezar poco a poco o incluso escribirme para motivarse.

Eso te conté, aunque tres años después ya soy capaz de correr cuatro horas seguidas y escribirlo es muy emocionante.

Curiosamente, mientras tejía una manta que llegaría a existir añadiendo una fila cada día, estaba descubriendo lo mismo fuera del crochet.

Hay cosas que no parecen avanzar mientras las estás haciendo, hasta que un día miras hacia atrás.

Ovillos para no pensar

Por supuesto, una manta gigantesca y salir a correr no significaba que hubiera aprendido de repente a tener pocos proyectos empezados, ni a gestionarlos tampoco.

Seguía con el suéter Esperanza, que ya llevaba bastante más de la mitad. Tenía mi manta de los cien grannys con Cristina, aunque nuestro maravilloso propósito de hacer dos cuadrados semanales había sufrido ciertos problemas logísticos y yo llevaba veintidós o veintitrés.

Así que rebajé expectativas: un granny a la semana (no lo mantuve tampoco). Ilusa de mí, si hubiera sabido que dos años y medio después seguiría con la manta empezada, habría intentado mantener la racha…

También estaba con el chal asimétrico del CAL de Telegram, tejido con los hilos DK que llevaba acumulando de las cajas de Crochet Society. Éramos un montón de personas haciéndolo y una compañera había tenido la santa paciencia de unir los seis gráficos del patrón en un PDF. Mucho mejor así.

Mientras tanto, evitaba entrar demasiado en otros grupos de tejido, ya que podían acumular unos cuatrocientos mensajes diarios y una cosa es tejer y otra opositar para ponerse al día con un chat… Tenía pendiente además una gorra a crochet y había empezado un bolso de Minnie con la técnica tapestry. Para evitar que las hebras se pelearan dentro de la bolsa, utilizaba una caja agujereada para mantener separados los ovillos.

Y había tejido una pequeña maceta con un corazón azul para San Valentín. Para el hombre de mi vida. Llevaba cinco años y medio conmigo, se lo había ganado.

Mi cabeza ahora mismo no está bien

Entre todos aquellos proyectos apareció una frase mucho menos bonita: «Mi cabeza ahora mismo no está bien».

Dormía muy poco. Alguna mañana había bajado para ir a trabajar y no conseguía recordar dónde había aparcado el coche. Daba vueltas buscándolo y terminaba llegando justa o incluso tarde. También reconocía algo que ahora resulta bastante evidente: me estaba llenando la vida de cosas para no pensar en otras.

Tenía una fecha metida en la cabeza: 12 de abril. Necesitaba llegar a ese día, que hubiera pasado un año y verlo desde lejos. Te decía que iba a marcar un antes y un después en mi vida.

Y mientras llegaba ese día: tejía, corría, trabajaba y preparaba proyectos. Estaba construyendo una página web que esperaba inaugurar alrededor de abril.

Sí, esta (aunque conociéndome, sé que siempre querré añadir algo más).

Cuando una etapa también se queda pegada a un ovillo

En aquel vídeo también apareció la nueva colección de Susimiu y yo no sabía si quería hacerla porque ya había completado la anterior y me traía recuerdos (tampoco era mi mejor momento económico pagando media hipoteca y un alquiler). Además, mi experiencia con algunos de aquellos materiales no había sido precisamente maravillosa. Los conos de algodón de Casasol me parecían demasiado rígidos para grannys de relieve, así que había terminado recurriendo a las Maites, una tienda de lanas de confianza, para sustituirlos por otros de algodón LM, que me gustaban más.

Esta vez tampoco quería suscribirme, prefería comprar los fascículos en el kiosco de mi barrio, apoyar al comercio local y no necesitaba los regalos de la suscripción. Tenía libretas, tenía tazas (como para montar un bar), tenía tres botes llenos de ganchillos y tenía bloqueador de grannys.

Tampoco quería pagar unos setenta y cinco euros adicionales por la opción Premium para conseguir un jersey que no me encantaba. Con ese dinero podía comprar patrones que realmente quisiera tejer y elegir mis propios ovillos.

Ya sabes que a día de hoy sigue a medias, pero primero va la manta 3D.

Tejiendo desde la cicatriz

Aquel vídeo terminaba diciendo que no iría a Love Yarn Madrid (aunque me moría de ganas) y que necesitaba centrarme en preparar el tutorial para la futura web.

Me despedía hasta marzo. Lo llamé Blue Monday, porque así le llaman al día más triste del año, que encima cae en lunes.

Resulta curioso porque aquella Elsa estaba agotada, vivía de café y olvidaba dónde había aparcado el coche pero también acababa de descubrir que podía correr durante una hora. No tenía ni idea de cómo iba a terminar aquella manta, ni aquel año, pero el 15 de enero ya había tejido las primeras filas.

Frase para tu Diario Lanero

Hay años que no empiezan cuando cambia el calendario sino cuando decides tejer la primera fila, aunque estés en abril.

Dale una vuelta al ovillo

¿Alguna vez has mirado hacia atrás y descubierto que algo que entonces parecía pequeño era, en realidad, el principio de un cambio enorme?

Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de pacotilla y cronista lanera que empezó 2024 con cinco cafés y una manta de 377 filas.

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Crónicas Laneras es una colección de artículos narrativos inspirados en experiencias reales vividas alrededor del crochet, la comunidad y el camino personal que ha acompañado a Ganchilleart a lo largo de los años.

Este contenido tiene carácter divulgativo y autobiográfico. Su objetivo es compartir aprendizajes, vivencias y reflexiones que puedan inspirar a otras personas a seguir tejiendo, dentro y fuera del ganchillo.

Aprendamos juntas, siempre con curiosidad, espíritu crítico y responsabilidad.

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