Herida lanera Vol. V: La injusticia

El nudo que aprietas para complacer

Querida tejedora: En el post de hoy vamos a tratar la quinta y última de las heridas de la infancia: la injusticia. ¿De dónde te viene esta obsesión por el orden perfecto, niña lanera?

Si hoy eres una adulta que siente que nunca llega a la altura de sus propias expectativas, que se castiga por cada error y que vive con el pánico constante a no ser lo suficientemente «brillante», este post es para ti.

El origen del nudo: La tiranía de la perfección

Esta herida no nace de la burla, sino de la exigencia. Se inocula cuando creces en entornos donde el cariño estaba condicionado a tus resultados: sacabas un diez, eras buena; te equivocabas, eras una decepción. El error no se veía como aprendizaje, sino como un fallo en tu sistema. Te enseñaron que para ser digna de ser amada, tenías que ser impecable.

El impacto en la mente es devastador: el mensaje de que «si no soy perfecta, no valgo nada» se te graba a fuego. Tu mantra inconsciente desde entonces es: tengo que ser excelente en todo, porque si cometo un fallo, dejaré de ser necesaria o me descartarán.

Síntomas laneros: El revés como campo de batalla

En nuestro mundo de ganchillo los síntomas son claros. El primero es la tiranía del revés del tejido. Sufres ansiedad si alguien ve cómo escondiste las hebras o si hay un nudo diminuto en el lado oculto. Si por detrás no es tan impecable como por el derecho, sientes que eres una «chapucera» y tu valor como tejedora cae al suelo. (No es cuestión de humildad, es cuestión de miedo: si el revés no está perfecto, siento que mi valor como tejedora cae al suelo y que el mundo descubrirá que soy una impostora). La tejedora herida de «injusticia» no busca ser aceptada, busca no ser juzgada como mediocre.

El otro gran síntoma es la rigidez absoluta y el pánico a la improvisación. Es la tejedora que, si el patrón dice «lanza 100 puntos» y a ella le salen 99, deshace horas de trabajo sin pestañear. Es totalmente capaz de crear, de hacerle modificaciones geniales a esa prenda pero en el último momento se boicotea y deshace todo para seguir el patrón original al milímetro. Prefiere matar su talento antes que arriesgarte a que un punto no sea exactamente igual al gráfico. O que le digan, eso en el patrón no se hace así. La autoexigencia que es una auténtica cárcel.

Cómo detectar a la tejedora del ovillo fino

Esa rigidez te convierte en la persona del grupo de tejedoras a la que nadie soporta porque todo se lo toma como un ataque personal a su competencia técnica. Nadie puede hacerte una sugerencia porque tú has cumplido el estándar. Eres esa presencia que el resto soporta por educación, pero que nadie quiere tener cerca porque es como caminar sobre cáscaras de huevo. ¿No eres tú? Menos mal.

Aquí es donde encajaría el perfil de la Abeja Reina, de la que ya te hablé en este post: Es esa diseñadora de la que acabas harta de ser su tester porque te pide unos plazos imposibles. Te exige que lo dejes todo para tejer a contrarreloj, sólo con el algodón egipcio que ella está usando y búscate la vida para conseguirlo a 50 kilómetros a la redonda. Te arrepientes muchísimo de haberle dicho que sí al testeo de su patrón porque ves que su nivel de exigencia es destructivo. Te exige un nivel inhumano porque se lo exige primero a ella misma. Vive con un nudo constante en el estómago.

Detrás de la máscara

Aunque a veces den ganas de mandar a esa pluscuamperfecta a la m**rd*, piensa que esa actitud es su mecanismo de defensa. Tú ves a una persona rígida, pero no ves que eso lo aprendió de pequeña: cada vez que mostraba un dibujo con toda su ilusión, en casa le sacaban faltas en lugar de ver el amor que había puesto.

Al final, más que rabia, tendría que darte lástima: su mente le dice que si muestra una sola grieta, una sola imperfección, perderá el derecho a ser querida. Está llena de miedo y de una necesidad de orden que es su escudo.

Manual de ingeniería de supervivencia

¿Cómo tratar con ella? Aquí tienes las pautas tanto si la sufres fuera como si te miras al espejo…:

  • Si la tienes cerca: Pon límites claros pero no entres en su juego de reproches. Su victimismo o su ira hablan de sus nudos emocionales, no de ti. No tienes que forzar tu forma de ser para que ella no se ofenda. Cada uno es responsable de gestionar sus propios nudos. Sino quiere tu opinión, ella se lo pierde.

  • Si eres tú la de la piel fina (quizá en un nivel soportable): Seamos realistas, nadie ha tenido un apego seguro de manual. El pánico a mostrarte tal como eres te destruye por partida doble. Primero porque, como estás fingiendo una perfección que no existe, nunca te crees que te quieran de verdad (piensas que quieren a tu personaje o versión perfecta, no a ti). Segundo, a la larga, esa rigidez levanta un muro. La gente percibe tu falta de autenticidad y, en lugar de conectar contigo, se aleja porque siente que nunca pueden llegar a conocer a la persona real que se esconde bajo tanta perfección. No pensarán en el origen, te etiquetarán de falsa y ya (la injusticia genera distancia social por exceso de control).Tercero porque avergonzarte de quién eres porque no eres «perfecta» te impide aprender. Hay que aprender a ser una misma.

Tejiendo desde la cicatriz

Cada etapa de tu vida es esencial e importante. Lo maravilloso de donde estás hoy es gracias a haber transitado toda esa m**rd* de camino. Un revés con nudos no te hace peor artesana, te hace una tejedora real. Honra tu pasado. Dile a tu mente que aquello que te hicieron pasar de pequeña seguro que ya no es para tanto, no al menos, como para seguir sintiéndote inferior toda la vida.

Yo misma pasé años tapándome las orejas porque las tengo en punta y en el colegio me decían que era un gnomo. Las escondía como si fueran un delito y me sentía inferior por no tenerlas «redondas» como todo el mundo. Las cosas que piensas de niña y te acompañan (sin que te des cuenta), ahora diciéndolas en voz alta, suenan absurdas). Hoy, gracias al trabajo personal y a las películas de El Señor de los Anillos, presumo de ellas y las luzco con orgullo cual súcubo.

Frase para tu Diario Lanero: «Mostrarme tal y como soy hace que me sienta realmente querida y es el mejor filtro para acercarme a la gente que me merece.».

¿Conoces a alguna tejedora del ovillo fino o te has sentido reflejada al leer esto? ¿Te cuesta soltar la rigidez para dejar que tu creatividad respire? Cuéntamelo en comentarios: aquí no juzgamos el revés, las historias que hay detrás son mejores que un patrón inmaculado

Fdo: Makandra Elipsis, Psicóloga de pacotilla, ayudante oficial de Papá Noel en invierno y Elfa guardiana del bosque en verano.

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