Lana negra, ganchillo del 2 y otras formas de pedir cita con el psicólogo

Querida tejedora:

¿Sabemos realmente lo que queremos?

Porque una cosa es querer hacer una chaqueta y otra muy distinta saber qué chaqueta quieres hacer.

—Quiero hacer una chaqueta.

—Vale. ¿Cómo la quieres?

—Bonita, que no sea muy sosa.

—Vale, aunque con esta lana negra, habrá que resaltar el dibujo. ¿La quieres tupida, hacemos unos bodoques?

—No, no la quiero muy tupida.

—Vale. ¿Y con qué ganchillo quieres hacerla?

—Con el de siempre, el del 2.

—Pues entonces se me ocurre que, para darle un poquito de gracia podemos hacer algún calado.

—No, no quiero calados. Quiero que abrigue.

—Vale. Pues entonces podemos buscar un punto que quede algo más suelto, porque con un ganchillo del 2 te va a quedar muy apelmazado. ¿Qué te parece punto alto extendido o doble alto?

—No, yo quiero un dibujo bonito.

—Vale, pero es que con esa lana o hacemos algún calado o no se va a distinguir nada. Podemos jugar con los relieves.

—Pero entonces abulta mucho y me va a hacer gorda. Mejor otra cosa.

—¿Tienes algún motivo que te guste? ¿Una prenda donde se vea la idea?

—No…

Y ahora, mientras el resto de la clase está esperando, se supone que yo tengo que sacar de la chistera el patrón de esa chaqueta que existe en tu cabeza, pero que ni siquiera tú sabes todavía cómo es.

Y lo intentas porque quieres que la alumna disfrute, que encuentre algo que le guste y que salga de clase con la sensación de haber avanzado.

Así que empiezas a dibujar un diagrama sobre la marcha: podemos hacer unas cadenetas aquí, unos puntos altos, probar este punto en X…

—Es que eso me parece difícil.

—¿Quieres buscar alguna foto de referencia y mientras voy atendiendo a las demás?

—Bueno no, pues déjalo. Que sino sigo con el jersey que empezamos la semana pasada…

Y ahí es cuando te dan los siete males. Respiras. Recuerdas que tienes delante más alumnas que atender y sigues.

Es donde la empiezas a plantearte si lo que necesitas es sacar un buscador de patrones o una bola de cristal. Porque la semana anterior ya habíamos empezado juntas un jersey. Habíamos elegido cómo hacerlo, resuelto las dudas que fueron apareciendo y el proyecto estaba avanzando bien.

Puedo ayudarte a conseguir lo que quieres. Lo que no puedo hacer es saber qué quieres si tú tampoco lo sabes. El año pasado intenté hacerlo más de una vez.

Alumna buscando una chaqueta con lana negra y ganchillo del 2 en una clase de crochet.

Ella no quiere un patrón, quiere atención

Bueno, quizá sí quiere un patrón pero llega un momento en el que empiezas a preguntarte si la persona necesita una solución o que sigas buscando soluciones con ella.

No creo que esto la convierta en mala persona, muchas veces ni siquiera somos conscientes de que, intentando conseguir aquello que tenemos en la cabeza (aunque no sepamos muy bien qué es) podemos acabar impidiendo que la persona a la que hemos acudido, haga precisamente aquello para lo que hemos acudido a ella: su trabajo.

Porque una cosa es pedirle ayuda y otra convertirla en responsable de encontrar una solución que cumpla todos nuestros requisitos (incluso cuando algunos se contradicen entre sí).

Esto en psicología se llama…

¿inconformismo?

Podríamos llamarlo así pero psicológicamente pueden estar ocurriendo varias cosas a la vez.

Una de ellas es no tener claros nuestros propios criterios de elección (que todas hemos pasado por esa etapa de quiero tejerlo todo y creo que ya lo sé todo), ya que aún no hemos decidido qué características son realmente importantes en el proyecto, ni a cuáles estamos dispuestas a renunciar por escoger un material concreto.

Esto complica muchísimo cualquier decisión porque cada alternativa tiene ventajas e inconvenientes. Sí elegimos una, cerramos otras posibilidades.

Si pretendemos encontrar una opción que conserve todas las ventajas, podemos quedarnos atrapados buscando una solución perfecta que probablemente no existe.

Y esto en psicología se llama…

Maximización: en lugar de buscar una opción suficientemente buena que responda a nuestras necesidades, seguimos comparando posibilidades intentando encontrar la mejor. Y cuanto más buscamos, más fácil es encontrar algo que no nos convence de cada alternativa.

Entonces aparece el bucle:

Quiero algo → me ofrecen una solución → veo a qué tendría que renunciar al elegirla → la rechazo → pido otra → tampoco cumple todo lo que quiero → vuelvo a empezar.

Desde dentro puede parecernos que simplemente estamos intentando elegir bien. Desde fuera, alguien lleva quince minutos intentando resolver algo que no tiene solución.

Esto no nos pasa solamente con las chaquetas. Nos ocurre comprando, buscando casa, eligiendo estudios, tomando decisiones y en general, cada vez que comparamos una opción real con una opción ideal que solamente existe en nuestra cabeza.

Ya te hablé de esto otro jueves, cuando te conté que a veces el patrón perfecto que tenemos en la cabeza no existe. https://www.ganchilleart.com/el-dia-que-dejas-de-creer-en-los-reyes-magos-del-punto/. Porque elegir siempre tiene un coste, también es aprender a perder. En este caso se ve estupendamente.

Los síntomas del bucle lanero

La paradoja de la densidad:

Si quieres una prenda tupida, tendrás que renunciar a determinados calados. Para que tenga un dibujo muy visible, necesitarás una textura o un cambio de color que permitan apreciarlo.

Que abrigue pero que no sea demasiado tupido, que tenga dibujo pero que no tenga calados y que sea fácil de hacer pero que sea especial, no muy sosa.

Por separado son peticiones perfectamente razonables…

La paradoja visual:

Si eliges lana negra, determinados puntos preciosos apenas se van a distinguir y si además la tejes con un ganchillo del 2, algunas posibilidades vuelven a reducirse por la tensión y el grosor de la lana.

Lana negra, ganchillo pequeño y un punto muy vistoso. Juntas son compatibles pues técnicamente podemos hacer muchísimas cosas, otra cosa es que el resultado permita lo que quieres destacar.

Hay puntos maravillosos que en determinados colores o materiales prácticamente desaparecen. No es falta de imaginación, simplemente que el hilo también tiene algo que decir sobre el patrón.

El bucle de soluciones:

Cada alternativa genera un nuevo inconveniente. Ya no estamos buscando una solución que funcione, estamos buscando una solución sin renuncias. Meter todas esas posibilidades dentro de la misma chaqueta es un problema.

No es que la profesora no quiera encontrar tu patrón, es que cada decisión que tomas condiciona las siguientes. Podemos modificar cosas, buscar alternativas y adaptarnos, para eso estamos, oiga. Pero llega un momento en el que hay que decidir qué es importante y se queda fuera.

No eres un chocolate

Así que no puedes gustarle a todo el mundo, ni tampoco conseguir que diecisiete personas estén encantadas con cada proyecto que propones.

El año pasado yo intentaba adaptarme muchísimo (acabas loca). Cada alumna podía llevar su proyecto y yo iba saltando de uno a otro en clase, intentando resolver cada atasco, buscar alternativas…

La intención era estupenda, el método, no tanto porque concentrarse en cosas tan diferentes cada cinco minutos dificulta mucho el proceso.

He aprendido mucho de aquello. Por eso, este año, antes de empezar hice un cuestionario de nivel. Sí sabes los puntos, si detectas pequeños errores, si sabes resolverlos, como te enfrentas a un fallo de patrón, si entiendes un diagrama… qué te gusta y qué no te gusta tejer.

No solamente quería saber qué conocimientos tiene cada una (eso se ve enseguida), quería saber qué esperaba aprender, qué objetivos laneros tenía y qué le gustaría haber conseguido al terminar las clases.

Adaptarse pero sin renunciar a dirigir. En cada clase hay una técnica que quiero enseñar con ese proyecto, diferentes formas de adaptarlo al nivel de cada una y un espacio para dudas y proyectos personales.

Probablemente el proyecto de esta semana no sea el que más te guste. Quizá el de dentro de dos semanas sí y no pasa nada.

Porque he entendido que ser flexible con el método no significa dejar de tener método.

De hecho, si intento ser flexible con cada persona, llega un momento en el que ya no existe ningún método.

Confiar en el método

Cuando recibimos clases es muy fácil mirar todo desde nuestro proyecto: Yo quiero hacer una chaqueta. ¿Por qué estamos haciendo esto? Pues quizá porque querer hacer una chaqueta y estar preparada para hacerla no son la misma cosa.

Esto no significa que no sepas tejer. Puedes ser rapidísima y saber un montón de ganchillo, sin embargo necesitar aprender algunas cosas que parecen pequeñas hasta el día en que te hacen falta (como levantar puntos para hacer una tapeta o rematar).

Esas pequeñas ingenierías de supervivencia que a veces solucionan en cinco minutos un problema que podría tenerte una tarde entera deshaciendo y que termines frustrada.

Aprender herramientas que un día te permitirán enfrentarte sola al proyecto que quieras, es más importante que acumular proyectos.

Tejiendo desde la cicatriz

El año pasado pensaba que adaptarme cada vez más me hacía mejor profesora.

Pero hay una parte del aprendizaje que corresponde a quien enseña y otra a quien aprende. Yo tengo que observarte, adaptarme a tu nivel, explicarte de otra manera cuando no entiendes, proponerte retos que puedas asumir y ayudarte cuando te atasques.

Tú tienes que practicar, preguntar, equivocarte, tener un poquito de paciencia y confiar lo suficiente en el proceso, no eres la única alumna de la clase.

Frase para tu Diario Lanero

Intentaré controlar el ansia viva de hacer bodoques hasta que domine el punto alto.

Dale una vuelta al ovillo

¿Alguna vez has pedido un imposible lanero? En plan: quiero tejer con bulky, pero que luego la prenda no pese.

Fdo: Makandra Elipsis, psicóloga de pacotilla que todavía no ha encontrado un punto tupido, suelto, vistoso, sin calados y que abrigue, en lana negra con ganchillo del 2.

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