El 1 de junio no es solo una fecha en el calendario. Es el día en que mi niña interna, esa que ha sobrevivido a nudos muy oscuros, me recuerda que el viaje ha valido la pena. Este post es mi propia historia de resiliencia y kintsugi emocional. Hubo un momento, el más oscuro de todos, en el que se vio sola. Perdió sus referentes, a sus papás, y el mundo se volvió un lugar frío y hostil. Creyó que no podría.
De «Falsa Moneda» a propia moneda
Como dice la canción de Buika, sintió que iba de mano en mano como esa falsa moneda, buscando un lugar donde pertenecer cuando sus raíces se habían cortado. Pero entonces, ella decidió ser su propia moneda de oro.
El arte de romper para volver a crear
Aprendió a vivir sola. Aprendió que a veces, como hace el buen alfarero, hay que romper el barro para poder hacerlo de nuevo, con más fuerza y con una forma distinta. Fue ahí cuando esa niña aprendió a tejer, entendiendo que la vida es un hilo fino que hay que sostener con paciencia mientras te vas reconstruyendo desde cero. Mira cómo se ve ese superpoder en la práctica (literal):
https://youtube.com/shorts/Yt0y7jOPj5s
Kintsugi a los 42: El valor de las cicatrices
A mis 42 años he descubierto el «Kintsugi»: esa técnica de unir los trozos rotos con oro. He aprendido que no tengo que avergonzarme de mis grietas. He ido recogiendo mis pedazos uno a uno, sin descartar ninguno; todos son importantes y construyen mi historia. Nos pasamos la vida apartando esas vivencias que nos han marcado cuando el esfuerzo de no integrarlas es lo que hace que estén siempre presentes y te amarguen la existencia.
Integrar la sombra es lo que te permite brillar sin miedo.
En este punto de mi vida, mi prioridad es caminar de la mano de mi koala, protegiendo ese vínculo que es mi mayor tesoro y la razón por la que integro cada paso y cada piedra que he tenido que pisar para ser lo que soy ahora. Le dije a la IA el prompt de moda: Crea una imagen con todo lo que sabes de mí. Esta soy yo en 2026. con mis zapas de media maratón (de momento jajaja) listas para quemar el asfalto, mi libro de psicología siempre a mano para no dejar de aprender, y mi koala, que es el centro de mi mundo

Te animo a hacer lo mismo, y quizá te sorprendas al tenerte delante de este «espejo» y empezar a valorar eso que ya has logrado, no sólo lo que te criticas que no eres (aún).
Escribir desde la cicatriz: Psicología de pacotilla
Escribo «desde la cicatriz» desde ese oro que ahora une mis pedazos. Lo hago desde mi faceta de tejedora empoderada que sabe que las marcas no se tapan, se lucen con orgullo. A veces la herida se abre, pero sólo tienes que mirar atrás para que se vuelva a cerrar sola.
He tejido mi propio cerebro lleno de mallas fuertes para entender mi mente y la de los demás desde la experiencia pura. No me arrepiento de nada de lo que he vivido.
A mi niña lanera: Feliz cumpleaños. Ya no vas de mano en mano. Ahora eres tú quien sujeta el hilo, y el patrón que estás tejiendo es jodidamente precioso.
Gracias
Gracias a ti que me lees. Quiero que sepas que no importa lo llena de m**rd* que sientas que está tu vida ahora mismo; como dice la canción de Fito, «lo que admiro son las flores que crecen en la basura». Tú vas a acabar siendo una flor preciosa, solo tienes que decidirte a salir del barro y aprender a tejer en tu oscuridad.
Gracias por acompañarme en este camino: desde aquellas primeras crónicas laneras con la muñeca Pili, hasta lo que somos hoy. Juntas hemos pasado de los ovillos a la psicología de pacotilla, y juntas llegaremos a que este «caballo de Troya» se convierta en lo que pretendo ser: tu psicóloga de referencia.
No te sueltes de mi hilo, que esto solo acaba de empezar.
Fdo: Makandra Elipsis, psicóloga de pacotilla (y futura psicóloga ) con 42 vueltas al sol.