Crónicas del Salseo Ep. 3: Mi manta Susimiu o cómo sanar el pasado🧶

El trauma del fascículo 52:

​Empezar esta colección no fue solo por tejer; fue un ejercicio para sanar a esa niña que llevo dentro. En mi caso, la frustración de la infancia tenía forma de casa de muñecas. Recuerdo perfectamente la ilusión de ir montando cada pieza, los muebles, el olor a cola blanca…hasta que en el fascículo 52 alguien decidió que aquello era «muy caro».

La revancha de la niña de 8 años

Ahí es cuando entiendes que, de pequeña, las decisiones económicas, aunque no sean relevantes, no dependen de ti en absoluto y te quedas con la ilusión a medias. Tenía que sanar esa espinita y demostrarme que esta vez iba a terminar una colección. Punto.

​Ingeniería de supervivencia: El drama de la tensión

Estoy muy orgullosa de que la manta se vea impecable y no tenga nudos. Esto no es magia; es el resultado de haberla cagado muchas veces hasta aprender maneras de rematar con más cariño.

Pero hablemos de la realidad técnica. Aunque el patrón diga que los grannys son de 12×12, mi tensión es como mi carácter: intensa. Y más cuando haces relieves, que te obligan a ir adaptando todo. La conclusión es que tan pronto tejía con un 3.5 como con un 5 mm, y hubo piezas que tuve que repetir muchísimas veces para que no parecieran una servilleta fruncida.

​Mis favoritos (El salseo técnico)

En el podcast os enseño muchísimos, pero estos son los imprescindibles:

  • Granny Arcoíris: Mi favorito absoluto. Lo tejí con el drama de la pandemia aún encima (perdí a la última de mis abuelas) y tiene esa vibra de esperanza que tanto necesitaba.
  • Corazón de Bodoques: Es el típico que te dan ganas de empezar otra manta y hacerle la competencia a la de la colección. La textura es adictiva.
  • Estrella de Mar: Un reto de relieves que te hace sentir que, por fin, tienes autoridad tejeril (que empecé a sentirme súper pro, vaya).

Aquí hay muchas horas detrás pero algún que otro taco he soltado también…

​Actualización 2026: ahora mucho más práctica

Esta es una manta para disfrutarla por los dos lados, aunque mi hijo, que no distingue el derecho del revés, siempre la ponga por el lado que no toca. Pero aunque el algodón es precioso, seamos sinceras: para una siesta de invierno, no es.

Por eso este año, le he incorporado una mantita pirineo por detrás.

Ya me he quedado sin manta…

​Esa imagen es la prueba de que el diseño y la utilidad por fin se dan la mano. Ver al Koala abrigado con el calor de mi trabajo, es lo que demuestra que el esfuerzo merece la pena. Me dan ganas de repetir…

​Psicología de Pacotilla: La proeza de no desinflarse

​Mantener la constancia durante dos años es toda una proeza. Las editoriales lo saben: por eso te venden el primer fascículo a un euro. Saben que la mayoría se desinflará por el camino. Por eso la gente, a veces vende los primeros fascículos en Wallapop.

Yo soy la primera que confiesa: tengo paciencia de chinos para contar puntos, pero soy una impaciente de manual para el día a día.

Terminarla no te convierte en un ser de luz, pero es la prueba de que decidiste enfocarte. Es un empoderamiento camuflado entre ovillos. Te sientes dueña de tu voluntad y capaz de cerrar lo que te propones. Si puedes con esto, puedes con lo que te echen.

Como no todo en la vida es sufrir (con 77 grannys distintos), también me gusta disfrutar de proyectos que fluyen. Si buscas algo más directo y sin tanto drama de tensión, aquí te dejo mi rincón de tutoriales donde te explico paso a paso cómo dominar el ganchillo sin morir en el intento:

Lista de reproducción de mis tutoriales

Y tú, ¿tienes alguna colección cogiendo polvo en el cajón de la vergüenza o eres de las que llega al fascículo final? Cuéntame en comentarios cuál es ese proyecto que se te resiste o si tú también tienes una tensión que ‘aprieta más que las tuercas de un submarino’. ¡Te leo!

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