El día que dejas de creer en los Reyes Magos del punto

(Por qué nadie va a diseñar tú jersey ideal)

Hay un momento en la infancia que casi todos recordamos: el día en que descubres que los Reyes Magos no existen. No hay drama ni trauma, a no ser que tengas una hermana mayor a la que le dicen: «pero no se lo digas a tu hermana».

Era inevitable, los niños no saben callarse. Algo cambia para siempre.

Ese día entiendes que nadie va a venir de noche a dejarte lo que deseas. Y sin saberlo, ahí empieza la adolescencia emocional.

En cierto modo es un alivio. La verdad duele sólo una vez (la mentira cada vez que la recuerdas) y es bonito pensar que se hace desde el amor y la ilusión; pero entiendes algo fundamental: si quieres algo, te toca moverte a ti.

Lo curioso es que muchos adultos nunca terminan de dar ese paso…Siguen esperando que el otro adivine lo que necesitan leyéndoles la mente, que la relación se arregle sola o que el tiempo lo cure todo. Y el tiempo no cura nada si la herida está infectada.

A veces, sin darnos cuenta, trasladamos esa «espera mágica» a otros ámbitos. Donde más lo veo (y donde más me lo aplico) es frente a mi ganchillo.

Como si los Reyes Magos del punto fueran a aparecer una madrugada y dejarme bajo el árbol, el jersey que me merezco.

Y no.

La espera del patrón milagroso

A pesar de ser toda una adulta o al menos ya deberías serlo, vives esperando:

  • Ese patrón que se va a ajustar al cuerpo mágicamente, sin tocar la cinta métrica.
  • Esa lana low cost que va a tener la caída de una seda de 40€.
  • Esa profesora que va a adivinar la chaqueta que tienes en la cabeza, a la que le sueltas un «quiero algo así» aunque no le des más detalles (soy).
  • Ese diseño perfecto que «debería» existir pero que nadie ha escrito todavía. El patrón de nuestra vida…

Pero tú lo quieres. Y lo sigues buscando.

El despertar de la tejedora adulta

Lo curioso es que muchas tejedoras vivimos una adolescencia lanera eterna.

Queremos el resultado, pero nos da vértigo la responsabilidad de crearlo. Es más cómodo esperar a que alguien nos dé los puntos de cada talla, que remangarse y empezar a calcular. Nos negamos a tejer una muestra porque no formará parte de la prenda, sabiendo que, ese mínimo ensayo, es una inversión.

Que la relación con nuestro proyecto se arregle sola, sin deshacer lo que sabemos que está mal. Somos plenamente conscientes de que no se ajusta a lo que queremos. Y por no tirar del hilo cuando sólo eran cinco vueltas tejidas…ahora cuesta mucho porque ya son cien.

Ser creadora es aceptar que:

  • Nadie va a rescatar ese proyecto que empezaste sin hacer la muestra de tensión (si, yo también la odio). Es un tiempo de ensayo necesario.
  • Nadie va a calcular los puntos y cm, que te dan pereza pero que aseguran que será de tu talla. De ello depende el futuro de la prenda.
  • Ningún diseño va a quedarte bien si no aprendes a elegir la fibra adecuada para ese proyecto. Acabarás con un jersey de «cartón» (doy fe) y una vez dentro, se está incómodo.
  • Nadie te va a rescatar de un proyecto que empezaste sin ganas o sin técnica, a ver que salía…No es para ti, deshazlo.

El día que dejas de buscar adaptaciones en patrones ya escritos que no te convencen y empiezas a elegir desde tu propia realidad creativa, la prenda maravillosa se hace realidad.

Menos magia, más decisión

Porque tu jersey perfecto no llega envuelto en papel brillante ni te lo regala un algoritmo de Ravelry (bendito Ravelry). Se construye con ese tiempo invertido, tu coherencia al darte cuenta de que el que quiera peces, tiene que mojarse el culo, y responsabilidad creativa de ponerte manos a la obra, y dejar de hacer scroll. Es tan fácil distraerse…

Tampoco va a ser un golpe de suerte, porque viene a tu cabeza la musa de la inspiración, ni el famoso: cuando te llegue, hagas lo que hagas no podrás evitarlo porque es para ti: tendrás la prenda a tu medida. Si puedes soñarlo, puedes crearlo…sólo tienes que quererlo.

Ríete pero Mr. Wonderfull factura millones por algo.

Si quieres ese diseño tal y como lo imaginas, la única forma de que exista es que decidas crearlo tú. Toma las riendas.

Cuando dejas de esperar la chaqueta milagrosa que alguien debería haber diseñado para ti, el tejido se vuelve más real. Decides ser la autora de tu propia ropa. Menos poético, ya, claro, pero mucho más satisfactorio.

Más tranquilo. Más tuyo.

Si sientes que sigues buscando un patrón que nunca llega, no es que al crecer, para ti se haya acabado la magia. Quizá es que ha llegado el momento de empezar a ser diseñadora. Si lo intentas igual te sorprendes.

Feliz semana, Elsa

P.D: Si pruebas a cambiar la palabra «tejido o patrón» por «relaciones» y vuelves a leerlo…igual notas que algo pica, ¿verdad?

Tranqui, seguramente sea por la lana del chino…

3 thoughts on “El día que dejas de creer en los Reyes Magos del punto

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