Hay un veneno silencioso que mata más proyectos que una polilla en un armario de cachemir: la contabilidad emocional.
El veneno de la comparativa
Llegas a tu grupo de tejido semanal buscando un refugio, un lugar donde soltar el estrés de toda la semana de vida madre, pero te encuentras con ella: una Hoja de Excel humana.
Es esa persona que, en lugar de tejer, parece que está auditando la vida de las demás.
Y no creas que exagero porque en tu grupo hay una, fijo.
Me refiero a esa de que sin que se note, va llevando la cuenta de quién teje más rápido, quién gasta más en lana o quién «aporta» más al grupo.
Ahora ya no estás en un club de tejido; estás en una oficina de reclamaciones camuflada. ¿No me crees? Sigue leyendo
El diagnóstico: La «Socia Parasitaria»
En psicología (de la de verdad, no solo la mía de pacotilla) esto tiene que ver con la Validación Narcisista y el Liderazgo Informal Tóxico.
Es esa persona que necesita que el grupo sea suyo para sentirse alguien. Si el grupo brilla, es gracias a ella; si el grupo se rompe, es porque las demás «no han estado a la altura».
Es el tipo de perfil que no busca compañeras, busca súbditas (que no soy cruel, que llega un día que se le cae la careta y todas os quedais muertas de lo que acaba de soltar…menudo pico).
Esto ocurre cuando alguien no tiene un sentido del valor propio y necesita «succionar» el brillo de los demás o controlarlas para sentirse segura. No es que sea malvada por deporte (aunque lo parezca), es que su estructura interna es tan frágil que solo se sostiene pisando la de las demás (en el fondo hay que tenerle compasión, no rabia).
Aquí tienes la guía definitiva para detectar si tu grupo de confianza se ha convertido en un campo de minas:
La que resta valor por sistema:
Tú enseñas orgullosa tu avance y ella suelta el dardo: «Ah, sí, ese patrón es muy básico, yo lo hice en una tarde mientras veía una serie».
No es un comentario inocente; es un intento de jerarquización. Quiere que sepas que tu máximo esfuerzo para ella es solo un «momento de relleno». (Sin darte cuenta ha conseguido quitarle valor, hasta para tí misma).
La «Guardiana de la Foto»:
Es la que lanza dardos pasivo-agresivos: «Uy, pues aquí siempre estamos las mismas…pero luego para la foto venimos todas, ¿eh?».
Es la policía del grupo, la que reparte carnets de «buena tejedora» basándose en la asistencia y el cumplimiento de sus normas invisibles (como si el grupo fuera una secta y no un espacio de ocio del buen tejer).
La dueña del cortijo:
Esa que cree que el grupo existe por su gracia divina. Si ella no está, parece que el resto no sabe ni coger el ganchillo. Es la que gestiona el «clima» y decide, con silencios o miradas, quién es bienvenida y quién es la «extraña». Porque es la más antigua y la más mejor.
Por no hablar del comentario de «yo soy de las del principio» (como si llevar más tiempo equivale a ser mejor o tener más importancia en la asociación) pero luego añade «aunque vaya, aquí somos todas iguales»…
Las recién llegadas igual no se dan cuenta, apenas están empezando a sentir ese «sentido de pertenencia» tan bonito, pero las que llevan siete años y no sus doce, sí. ¿No éramos todas iguales? Qué necesidad.
La trampa de las matemáticas:
En el tejido, como en la vida, las matemáticas exactas solo sirven para restar. Si estás midiendo si tú trajiste los bizcochos, Menganita café y la otra no ha traído ni las gracias, ya hay un problema de base.
Todo aporte es bienvenido, cada una colabora en lo que puede. No hay que compararse, cierto. Aunque si que hay que estar pendiente del gasto (no en especie), que no estamos ciegos.
El gasto real es cuando tú das el 80% de tu energía para mantener el buen rollo y ella usa ese 80% solo para alimentar su ego.
Qué solo es lana oiga. Y pastitas…
¿Te han inculcado el veneno o es tuyo?
Lo más peligroso de estas personas es que terminan contagiando al resto.
De repente, te ves mirando el ovillo de la de al lado con envidia o sintiéndote pequeña. Empiezas a pensar si tu aportación al proyecto común es «suficiente» o si estás tejiendo demasiado lento.
O peor todavía; empiezas a pensar mal de alguna compañera porque claro, tanto repite la reina que la Fulanita no hace nada y se lleva el mérito, que tú ya la miras suspicaz…
Ese veneno no es tuyo, te lo han inoculado.
Es la tensión de un liderazgo tóxico que necesita que compitáis entre vosotras para que nadie se dé cuenta de que ella es la que más nudos tiene en la cabeza.
Ingeniería de Supervivencia: Refuerzo de estructuras contra el liderazgo tóxico
Cuando dejas de contar puntos y empiezas a pensar: «¿Qué necesita el equipo hoy?», la tensión baja de golpe. Poner en práctica esos roleplay que aprendes en cursos rrhh o de gestión emocional.
Pero ojo, que esto solo funciona si todas tiran la calculadora a la basura.
Nada de cuentas, sólo tejer.
Si sientes que llevas años arrimando el hombro, trayendo la alegría y el soporte técnico o las ideas, y lo único que recibes son dardos envenenados o críticas encubiertas de «ayuda»… no tienes un problema de ritmo de tejido, tienes un problema de «socias».
¿Te suena la cara de esta Abeja Reina?
Seguro que mientras leías le has puesto nombre y apellidos (y hasta te ha venido el olor de su perfume o de esa lana que presume haber traído de una feria a la que tú no fuiste).
Si estás en un «bucle de martirio» intentando que te valide alguien que solo sabe restar, recuerda: tu energía es un recurso limitado. No la malgastes en auditorías externas.
A veces, el patrón más difícil de seguir es el de la retirada a tiempo.
No es una derrota, es supervivencia.
Recoger tus bártulos, meter tus ovillos en la bolsa y marcharte de un grupo donde no se te valora es el punto de cierre más perfecto que puedes tejer.
Tu tiempo y tu paz mental valen infinitamente más que cualquier foto de grupo «perfecta» pero vacía de verdad.
Porque al final, piénsalo: el odio o el resentimiento en secreto (o no tan en secreto) es un veneno que te bebes tú, esperando que muera el otro.
Es una fuga de energía masiva. ¿Te imaginas qué pasaría si toda esa potencia que usas en defenderte, en analizar el último dardo que te han lanzado o en compararte, la invirtieras exclusivamente en ti?
A lo mejor resulta que, al dejar de mirar el ovillo de la de al lado, tus propias manos empiezan a volar.
A lo mejor, de repente, tu página web empieza a parecer otra cosa, tus proyectos por fin avanzan y tu comunidad crece de verdad.
No es magia, es que has dejado de regar las malas hierbas del jardín ajeno para centrarte en tu propio terreno lanero.
Cuando dejas de ser la «socia» de un proyecto tóxico para ser la jefa de tu propio éxito, los resultados no tardan en aparecer.
Y esa, querida, es la única cuenta que sí merece la pena que te salga exacta.
Cuéntame en comentarios (sin dar nombres, que somos señoras): ¿Cómo lograste detectar a esa socia que te restaba paz y qué hiciste para recuperar tu propio hilo? Te leo.
Fdo: Makandra Elipsis (Tú Psicóloga de Pacotilla y Aprendiz de Apicultora)

