El arte de amargarte la vida entre ovillos:

Guía inversa para la crochetera infeliz

Inspirada por la lógica de Morgan Housel, he llegado a una conclusión: es difícil saber qué nos da la paz mental, pero es sencillísimo identificar qué nos la quita. Housel (autor de La psicología del dinero) propone que para ser feliz no hay que hacer cosas brillantes, sino evitar cometer errores estúpidos de forma constante.

Es la técnica de la Inversión: si quieres mejorar tu vida, primero deja de hacer lo que te la amarga.

Si quieres que tu pasión por el crochet se convierta en tu peor pesadilla, solo tienes que seguir estos pasos:

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Los 10 mandamientos de la amargada lanera:

  • 1. Ignorar el «Coste del Alma»: Este es el mandamiento principal. Teje regalos por compromiso para gente que no sabe distinguir el acrílico de la alpaca. Regala semanas de tu vida y de tu salud visual a personas que meterán tu chal en la lavadora a 60 grados con el resto de las toallas. Luego, quéjate amargamente de que no valoran tu arte, pero vuelve a hacerlo el mes que viene.

  • 2. El síndrome de la labor ajena: No te fijes en lo que estás tejiendo tú, mejor entra a ver el perfil de esa «crochetera profesional» con luz de estudio y cámaras de 4000 euros. Convéncete de que, hasta que tus bodoques no sean idénticos a los suyos y tu tensión sea robótica, lo que tienes entre manos es basura. Olvida que ella no tiene hijos gritando ni una lavadora por poner.

  • 3. El estatus del «Hilado Premium»: Gástate el dinero del alquiler en fibras de «Qiviut o seda salvaje» que no puedes permitirte solo para poder decir que las usas. Ignora que vas a tejer con una tensión horrible porque te da pánico estropear un hilo tan caro. La felicidad no es el proceso, es que las demás sepan que tu madeja cuesta más que su cena de Navidad.

  • 4. La identidad del «Stash» infinito: Deja que tu valor como persona dependa del tamaño de tu estante de lanas. Pasa más tiempo ordenando, fotografiando y contando tus madejas que ganchilleando con ellas. Si alguien te pregunta qué vas a hacer con tanta lana, oféndete. El objetivo es acumular, no crear.

  • 5. El masoquismo del patrón imposible: Elige siempre el proyecto que te haga sufrir. Si no incluye aumentos invisibles en cada vuelta, relieves delanteros y traseros imposibles y un calado que te obliga a no parpadear, no merece la pena. Convéncete de que si no hay un reto extremo, no eres una crochetera de verdad. Esto es sólo para las que disfrutamos del hilo que se abre.

  • 6. La fantasía del «Ganchillo Mágico»: Cree ciegamente que ese nuevo juego de ganchillos Furls o de fibra de carbono de 150 euros va a solucionar tus problemas de ergonomía o tu falta de paciencia. Piensa que el material hará el trabajo por ti y, cuando veas que el punto sigue saliendo igual de apretado, húndete un poco más.

  • 7. Comparar tu revés con el derecho ajeno: Supón que las fotos que ves en redes son la realidad absoluta. Cree que esa cuenta famosa nunca deshace, nunca encuentra nudos en el hilado y jamás se ha comido un punto en un calado. Juzga tu proceso (lleno de dudas y errores) comparándolo con el resultado final (editado y filtrado) de las demás.

  • 8. La parálisis del «Algún día»: Guarda tus patrones más bonitos y tus lanas más especiales para una ocasión que nunca llega. No los toques. Déjalos en el cajón esperando a que seas «lo suficientemente buena». Muérete de envidia cuando veas a otra tejiendo ese mismo patrón con una lana barata y disfrutando como una loca mientras tú solo miras tu vitrina.

  • 9. El altar de la técnica ortodoxa: Si alguien te dice que el ganchillo es libre, niégalo. Obsesiónate con las normas, con que la cadeneta de subida cuente o no cuente como punto según el manual de 1950, y critica internamente a cualquiera que se salte las reglas. Prioriza la perfección técnica sobre el placer de crear algo que simplemente te guste.

  • 10. La tiranía del proyecto terminado: No disfrutes ni un segundo del proceso. Vive obsesionada con terminar la vuelta, terminar la manga o terminar el cuerpo. Convierte tu hobby en la línea de producción de una fábrica de ropa. Si no estás produciendo, siente que estás perdiendo el tiempo. Así te aseguras de que el tiempo que pasas tejiendo sea puro estrés.

Frase para tú diario lanero: El crochet debería ser nuestra parcela de libertad, pero a veces somos nuestras propias carceleras…

Píldora lanera: Tejer es una forma de supervivencia: reírnos de nuestra propia sombra para dejar de fustigarnos con el látigo de una madeja de yute (que no veas como pica).

Y ahora dime,

¿Estás en el camino de ser una amargada o estás tejiendo tu propia vida?

Te leo.

Fdo: Makandra Elipsis, tu psicóloga de pacotilla y expresidenta de las amargadas laneras.

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