
A veces, en la vida como en el tejido, nos toca un encargo que no queremos tejer. Un patrón horroroso, una fibra que pica y un color que nos dan ganas de arrancarnos los ojos. Pero ahí estás tú, con tu ganchillo en la mano, intentando que esa prenda no salga torcida.
A veces me preguntáis porqué mezclo el ganchillo con la psicología. La respuesta es sencilla: un patrón mal escrito arruina la mejor de las fibras.
En la vida, si no identificamos el error de diseño, acabamos forzando el material hasta se rompe. Y un hilo roto deja un nudo que se nota para siempre en la labor.
El Patrón Deformado
Imagina que te encargan tejer una alfombra de trapillo enorme. Te toca cargar con esos ovillos gigantes hasta tu casa aunque no tengas fuerzas. En psicología, a esto lo llamamos Parentalización. Es un adulto que no sabe gestionar su propia frustración y usa al niño como soporte. Entonces ocurre que los roles se invierten y es el niño quien carga con los ovillos que pesan demasiado.
Es esa pieza de ganchillo que se convierte en «reportero de Sálvame», un patrón que siente que debe contar cada detalle para que el adulto no se enfade, o que incluso miente para proteger la paz.
Es un adulto en miniatura cuidando la fragilidad de quien debería cuidarlo. ¿El resultado? Un jersey de recién nacido tejido con alambre de espino: por fuera parece una prenda delicada y da el pego, pero por dentro corta la piel.
La Triangulación: El hilo que no debería estar ahí
Para tejer una trenza necesitas tres cabos, pero para que un niño crezca sano, jamás debe ser el hilo que une a los dos adultos.
A veces, por desesperación o por incapacidad de soltar el patrón antiguo, intentamos mezclar una fibra áspera con un poco de Mohair para que el contacto sea más suave, pero el Mohair no hace milagros: si la base es rígida y cortante, el hilo suave acaba igual de dañado.
Utilizar al hijo para controlar la situación ajena o validar posturas que no le incumben es triangulación. Es pedirle a un hilo de seda que sostenga el peso de una estructura de hormigón. Se va a deshilachar sí o sí.

La Pirámide de Maslow (o cómo montar los puntos de la autoestima)
Abraham Maslow nos enseñó que nadie puede llegar a la «punta» de la pirámide (el éxito, la autoestima, la autorrealización) si la base no es sólida.
- Si un niño no se siente a salvo. Porque aprende a callar su opinión para evitar una discusión (anulando su capacidad de tomar decisiones y volviéndolo inseguro).
- Si siente que su seguridad depende de «agradar» con información (se siente presionado a traicionar a la otra parte y le genera culpa).
- Si su pertenencia está bajo ataque…entonces no puede tejer su propia vida. Está demasiado ocupado remendando la de sus padres. No podemos pretender que vuele si lo tenemos haciendo encaje de bolillos con los conflictos de los mayores.
Y te lo dice alguien que sabe lo que es montar sus propios puntos de base a la fuerza. No puedes pretender que un niño piense en su desarrollo social o en «ser el mejor» cuando con 15 años tiene que estar pendiente de pagar la factura de la luz y no de estudiar una carrera. Yo viví lo que Maslow explicaba antes de saber quién era él. Por eso insisto en que si la base de seguridad está bajo ataque, el resto del jersey jamás va a quedar recto.
- Si la atención está condicionada a que cumpla tus normas. Lo que aprende es a obedecer y no a pensar (con el peligro que eso conlleva en un futuro, de seguir a cualquier guía sin cuestionarse si es buena compañía).
- Se le intenta convertir en una prenda ideal prefabricada, anulando su fibra natural. Es frustrante ver cómo se le obliga a encajar en un patrón que no es el suyo, forzándolo a ser una copia barata de un original que ya viene defectuoso de serie. En lugar de potenciar su talento, lo usan para tapar los huecos de una labor que otros no supieron terminar.
Guía de Modificación de Patrones
Tú no puedes elegir el patrón que te ha mandado la vida, pero puedes tunear la prenda para que sea más cómoda. Si lo que te toca vestir es un saco horroroso, hazle modificaciones:
- Sé el Puerto Seguro: Que tu casa sea donde no se hacen preguntas de examen. Donde el niño sepa que su mochila de recuerdos no tiene que pesar por lo que «trae del otro lado».
- Paga el «Peaje de la Paz»: Si se pierde un bonobús o la ropa vuelve sucia, valóralo: ¿vale más ese dinero o las dos horas de rumiación mental que vas a perder? Si algo se soluciona con poco dinero, págalo. Tu paz es la fibra más cara que tienes.
- Corta el Cable: Si el niño viene con el «reporte», dile: «Cariño, eso es cosa de adultos. Aquí lo importante es que estamos juntos y qué vamos a merendar». Enséñale que el amor no es condicional ni depende de ser el «niño perfecto».
- No compitas por amor: Entiende que criticar el otro delantero es herir sus sentimientos, tu elegiste este patrón (aunque no supieras que estaba mal escrito), debes tejer tu parte.
- Valor y precio: Jugar al «yo te compro» es un ejercicio agotador y vacío. Al final del día no importa si la fibra es seda pura o acrílico; lo que define la calidad de la prenda es el tiempo y el amor que invertiste en tejerla. Los recuerdos no se compran con billetes se tejen con presencia.
Frase para tu diario lanero: No tienes por qué llevar puesto un diseño que te hace daño. Eres una tejedora experta: adapta el patrón, refuerza los bordes y recuerda que el hilo más importante de la labor es la libertad de ese niño para ser, simplemente, un niño.
Fdo: Makandra | Psicóloga de pacotilla, madre empoderada y tejedora de realidades.

