Me bajo de la vida (versión 2025) y me vuelvo a montar. El año que renuncié a grabar más podcast…

A veces creo que este mundo no es para mí o al menos no lo es, de la forma en la que yo lo concibo. Es como si hubiera nacido en un videojuego en el que nadie me explica las normas o en el que las armas que yo tengo de serie, no sirven para esta partida (espero que no quede como un llamamiento victimista pero que conste que no entiendo a la gente)…

Me planteo mil veces que la tara mental sea mía por esperar que el ser humano que tengo enfrente comparta mis valores y mi forma de pensar. Pero este 2025 ha sido muy revelador:

Abro melón.

Conozco muy pocas personas que piensen como yo o al menos que lo hagan durante un periodo largo de tiempo. Las cosas acaban «caducando» por eso el círculo, es chiquitillo (el real). En las relaciones, del tipo que sean, amistades o amorosas, llevo unos años viviendo el efecto: usar y tirar. Y creo que coincide curiosamente con el boom de las redes sociales. Ya sabes, una forma nueva de relacionarte sin relacionarte.

Me asombra ver que tienes mucha confianza online con alguien, incluso de forma diaria y luego se le hace raro saludarte por la calle. Algo así como tener un tío en Graná, que ni tienes tío ni tienes ná.

Esa fue la razón principal por la que en el año 2022 decidí cerrar mi Instagram. Incluso siendo un suicidio como marca, lo sé, pero fue liberador. Seguí grabando vídeos de YouTube y sin darme cuenta, continuaba en la trampa de contar un poco el día a día.

Hasta me abrí un segundo canal para motivar con el deporte y la alimentación a través de mi experiencia…

2025, el año en el que renuncié a grabar más podcast

Y si, estoy muy orgullosa de haber hecho todo lo que he hecho. Nadie se hace una idea de lo que es salir a correr sin ganas o con lluvia hasta que lo hace. Ni motivarte para perder peso, cuando odias lo que ves en el espejo.

O puede que escriba sobre ello, porque el vídeo de: «como correr una media maratón en ocho meses desde cero», tenía muchas visitas. Lo borré pero se trataba de eso: Oye tú que ves esto, si yo he podido, tú también. Empieza.

O el que grabé sobre tips para salir de una depresión, bastante feedback positivo. Aunque no tengan base científica, ayudan.

El hecho es que cualquiera es candidato a vivir esto a través de un duelo. Intento normalizar las enfermedades mentales. Negarlas es, algo así como creer, que a ti jamás se te va a torcer el tobillo. ¿Tú que sabes? ¿Ves el futuro? Pues lo mismo pero con la posibilidad de tener un cable suelto o el corazón roto.

Al final de este año descubrí que contarte mis cositas sólo servía de munición para personas, que tuve que echar de mi vida y que me quieren mal. Les estaba dando permiso para disparar en cada vídeo. En el último podcast expliqué un poco las tácticas (gaslighting, violencia vicaria, triangulación…) pero lo acabé borrando. Las personas que mas daño me han hecho en la vida, son las que más he querido y es dar importancia o espacio a quien me cuestiona como madre. No lo merece.

Compartir es vivir

Las redes sociales te han repetido este mantra que parece inofensivo. Ser transparente es sinónimo de ser honesto. Guardarte las cosas es señal de desconfianza. Pero ser un libro abierto es algo que pagas con tu salud mental y la envidia inconsciente de algunos. Les abres la puerta a proyectar sus miedos sobre ti.

El nuevo orden mundial te hace coger confianza con desconocidos y vergüenza con quienes comparten tu día a día.

Pero esto a que viene y porqué. Sospecho que es el efecto de este sistema que nos cosifica y nos convierte en un producto.

Te bombardean con la necesidad de validación externa

Nos hace sentir queridos con un click y seguros mostrando nuestro lado vulnerable (incluso nos sentimos mal si no lo hacemos). Porque eres falso si ocultas. O el famoso: si no lo subes no ha ocurrido. La privacidad ya no es lo que era, y lo que publicamos ni siquiera es la realidad…¿Cómo no te va a dar vergüenza ser una persona normal si todo el mundo es taaaan feliz y tan maravilloso en su vida? Y la tuya es una vida normal, (incluso con problemas).

No creo que toda la humanidad tenga una «herida de abandono» (esa que te hace tapar las cosas no tan buenas de ti, por miedo a que el otro las descubra y se aleje), sino que se banaliza el darse tiempo de conocerse o de no compartir tu cuerpo con cualquiera; (porque ya sabes, es tu derecho, eres mujer, es tu momento…y toooodo ese discurso) sino eres rara, estrecha o antisocial.

Creo que la base de esto es convertirte en alguien insatisfecho para que consumas, nunca estés seguro ni feliz contigo mismo y te embarques en una búsqueda permanente. La luz interior no está fuera, se enciende dentro. Pero acabas creyendo que lo mejor abrirte con gente que no profundiza. Total, a los dos meses, en cuanto empiece el ¿pero qué somos? o ¿esto para dónde va?, podemos pasar al siguiente Tinder, con otra conversación de copia y pega, hasta embriagarnos de esa dopamina maravillosa otra vez. Llámalo miedo, comodidad, que sé yo, pero ocurre.

Añade a la lista ser impulsiva. Y ¡¡¡plas!!! Combo desastre (ya veo las onomatopeyas del comic en mi cara) porque si querid@ amigo, al que seguramente no conozco y abro mi corazón (por razones ya mencionadas), este año probé. Me duró una semana pero tuve un perfil. Y por si necesitase comprobar que es un desguace emocional, me reafirmé en que para mí, esa forma de relacionarse está condenada al fracaso. Otra muestra más de lo que supone la presión de grupo (a fulanita le funcionó, vamos a probar)…

Pornoemocionalidad

Lo cierto es que las mujeres nos vinculamos a través del sexo, te guste o no, son hormonas ( orgasmo = oxitocina = vínculo afectivo). La que caiga en esa trampa y no elija de quién se enamora, lo lleva clarinete. Porque los hombres no funcionan así, su hormona se llama vasopresina y básicamente se enamoran con dos cosas: confianza y lealtad (pero eso es otro capítulo y me estoy desviando).

Porque una empieza a chatear súper onfire pensando que tiene un igual enfrente y está feliz, emocionada…pero esto sólo funciona cuando no necesitas reciprocidad. Porque si te valoras y no estás dispuesto a saltarte tus límites…la conexión dura el cantar de un Vizcaíno (espero que no se me ofenda ninguno, que tenemos la piel muy fina y son frases hechas, oiga).

Y es aquí cuando asumes que es mejor adoptar una mascota que seguir descartando perfiles en una app que parece el escaparate de una carnicería: foto sin camiseta, fuera; foto enseñando cochazo o moto: fuera; foto de cuando la tele era en blanco y negro: fuera; llena de filtros: fuera; sin foto: fuera…

Porque no quieres a alguien que valora por el aspecto, por el dinero o que no se muestra tal como es…¿no? La cosa está cada vez más complicada. Hace poco, en un taller que di de ganchillo salió el tema y una de las alumnas me hizo una comparativa muy graciosa: Elsa, es que estamos muy cerca de Atapuerca y algunos no saben volver a la cueva…

Espero que te hayas reído tanto como yo y no estés en modo crítica; porque a veces digas lo que digas, generas gente vomitando su frustración.

Nos hemos vuelto así, si no escucho lo que yo creo, ya no me sirve.

Yo asocio el término también a esta sobreexposición constante en redes. Todos los problemas asociados, me estaban haciendo reflexionar y me acabé cuestionando. ¿Qué vendo? ¿Ganchillo? ¿Superación? Puedo hablar de todo ello sin exponerme. Sólo hay que encontrar el equilibrio.

Todo lo que hemos vivido debe servir para algo

Si, pero no a cualquier precio. Tampoco hay que escuchar el síndrome de la impostora: ese que te hace dudar de si eres lo suficientemente buena para dar clases de ganchillo o si tus ideas son originales para materializarse en un tutorial. El de si es una temeridad dar consejos de nutrición o de cómo mantener la salud mental…

Aunque a veces los pacientes hacen más caso a una auxiliar que a una psicóloga porque no tienen puestas las defensas contigo. Pero lo que de verdad necesitan no es un consejo sino que les escuches, nada más. Sin juicio, sin reproche, sólo empatía.

O tienes más influencia en sus hábitos de salud que su endocrino porque jamás ha estado gordo…Una persona amable puede curar, igual que un mal consejo puede destruirte. Esa es mi conclusión.

Aquí es donde decidí volverme a montar.

Así que feliz 2026, aprobé la oposición. Siento haber decepcionado a los que esperaban verme hundida. Aquí ya no tenéis nada para hacerme daño.

Que tu corazón siga despierto, tu mente abierta y tus sueños en movimiento.

Besos, Elsa

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